jueves, 18 de octubre de 2012

¿Cómo ganar el respeto de tu hijo?


Este tema es importantísimo. Si algo deseamos todos los padres del universo, es respeto. Pero la pregunta es ¿lo tenemos?
Para empezar detectemos si tenemos o no el respeto de nuestro hijo contestando falso o verdadero al siguiente mini test:

1.¿Qué haces cuando tu hijo te pide que le des un dulce más cuando ya le habías asegurado que no comería más? 
a. Al principio le dices que no, pero si te insiste hasta el cansancio se lo das. Total ¡un dulce más no mata a nadie!
b. Le dices que ya habían quedado en que el anterior era el último, y te mantienes firme pase lo que pase.
c. Se lo das a la primera para evitar problemas.
d. Le das algo más, que sabes que también le gusta, para distraerlo y evitar que te siga pidiendo lo mismo.

2. Cuando tu hijo está molesto te habla golpeado y contradice lo que se espera que haga, y puede que te conteste algo como "ya te dije que.." o "que ya no me sigas diciendo.." etc.
a. Muy frecuente (casi a diario)
b. Lo hace pero sabe que traerá consecuencias (una vez a la semana o más)
c. Cuando se siente enojado siempre lo hace.
d. Cuando necesita su espacio y expresarse lo hace.

3. ¿Utiliza la palabra por favor para sus peticiones y gracias?
a. Siempre
b. Rara vez
c. Cuando le pido que lo haga.
d. Cuando él se acuerda de hacerlo.

4. Cuando le pides algo que de seguro no va a querer hacer ¿cómo reacciona él y como lo manejas tú?
a. Puedo esperar berrinche y es seguro que no lo hará.
b. Lo hace por fín a regañadientas y se queda enojado después.
c. Logras que te obedezca aunque no fácilmente pero no se queda enojado.
d. Logramos negociar, si lo haces, yo te doy algo a cambio y todos felices.

5. ¿Tu hijo te ha dicho palabras que preferirías que no te dijera?
a. Muchas veces, pero es natural, todos sacamos alguna de esas de vez en cuando.
b. Algunas veces lo hace y a veces pide perdón, otras no.
c. Cuando esta muy enojado lo hace y rara vez se arrepiente.
d. Algunas veces lo hace pero me aseguro de entienda la gravedad de lo dicho y de que pida perdón sincero.

6. ¿Cómo describirías tu relación con tu hijo?
a. Relajada y amistosa
b. Estresante y caótica
c. De igualdad y libertad de expresión
d. De respeto y comunicación

Es fácil darnos cuenta si tenemos o no el respeto de un hijo. Debo decir que muchas veces yo lo he perdido, pero me aseguro de que vuelva a encontrarse y se mantenga ahi.

¿Pero qué el respeto no es algo estable?
Tan estable como una lámpara en su mesa mientras no haya un terremoto (o pase cerca tu hijo de dos años) ¡No! el respeto varía, desgraciadamente. Lo peor es que el respeto que te tenga tu hijo, depende de tí y no de él. Digo lo peor por que es difícil encarar esa realidad. El respeto se mantandrá firme, mientras tú no dejes que valla a ninguna parte, pero en cuanto te des la vuelta ese respeto se irá. Vamos a verlo como un globo de helio; se mantendrá junto a tí mientras lo mantengas atado a tu mano, pero si lo descuidas el helio que tiene adentro lo hará alejarse de tí de forma natural. Asi es el respeto, no cuesta tanto mantenerlo a tu lado si ya lo tienes, pero se va de forma natural si lo sueltas y es muy difícil alcanzarlo y traerlo de regreso.

Vamos a considerar el temperamento del niño en cuestión al respeto, osea la "predisposición" que tiene tu hijo de forma natural para dar y mostrar respeto por deseo propio.

Para los padres con niños dóciles una buena noticia y una mala ¿cuál va primero? ¡ok! ganó la buena.
 Los niños dóciles delos cuáles ya he habado, respetan sin tanto problema, por que ellos harán lo que sea con tal de no pelear de mamá o papá. Estos niños respetan a la gente "por intuición" e incluso muchas veces sus padres ni siquiera tienen que enseñarles cómo comportarse, ya que el mismo niño se encarga de "escanear" aquellas cosas que son mal vistas para no hacerlas, ya que su motivación está impulsada por su gran deseo de aceptación.(esa fue la buena)
Ahora la mala: no todo es color de rosa, ya que cuando se trata de estos niños algunos aprenden a "aparentar" para no meterse en problemas cuando en realidad su corazón esta muy lejos del verdadero respeto. Debemos andarnos con cuidado con los niños dóciles y ser como padres muy sagaces al sopesar el corazón de nuestro hijo en este asunto; no sea que nos vendan el cuento de que nos respetan de frente y no cuando damos la espalda. Es el clásico niño que dice cosas entre dientes o que se queda enojado en silencio.

Para los padres con niños difíciles de carácter una buena noticia y una mala, pero ahora primero va la mala.

Para los que tenemos hijos que quieren jugar al papá y a la mama y decir quien parte y reparte, nos cuesta mucho más ganarnos su respeto y no solo eso, sino que podemos perderlo con mucha mayor facilidad, ya que nuestros hijos quieren el respeto para ellos, pero les cuesta mucho darlo si consideran que la otra persona no lo merece. Ellos viven por sus creencias que son muy firmes, y nada les hace cambiar de parecer. El respeto lo llegan a ver como algo que los demás "se deben de ganar" y no como algo que ellos "deben dar de sí" y he ahí nuestra difícil labor.
La "buena noticia" es que los que tenemos hijos de carácter fuerte demuestran inmediatamente sus intenciones y son muy malos para guardarse lo que están pensando. Eso nos da una ventaja en este sentido ya que podemos identificar a todas luces cuando la falta de respeto surge.

Ya vimos cómo demuestra el respeto nuestro hijo o falta de él en base a su temperamento, ahora vamos a ver, por qué surge la falta de respeto y no tiene nada que ver con tu hijo. ¿Adivinan? ¡Así es! tiene que ver con nosotros su padres y cómo les enseñemos a respetar.

Independientemente del temperamento de nuestro hijo, en algún momento tendremos dificultades para que nos respete. Pero vamos antes que nada a definir el respeto y he aquí algo que me gustó mucho.

La palabra respeto proviene del latín respectus y significa "atención" o "consideración". De acuerdo al diccionario de la Real Academia Española (RAE), el respeto está relacionado con la veneración o el acatamiento que se hace a alguien. El respeto incluye miramiento, consideración y deferencia.

Por otra parte, mirar a algo o alguien con respeto también puede hacer referencia al temor o al recelo. Por ejemplo: "Al mar hay que tenerle respeto, ya que puede ser peligroso".

El respeto es un valor que permite que el hombre pueda reconocer, aceptar, apreciar y valorar las cualidades del prójimo y sus derechos. Es decir, el respeto es el reconocimiento del valor propio y de los derechos de los individuos y de la sociedad.

El respeto no sólo se manifiesta hacia la actuación de las personas o hacia las leyes. También se expresa hacia la autoridad, como sucede con los alumnos y sus maestros o los hijos y sus padres.

El respeto permite que la sociedad viva en paz, en una sana convivencia en base a normas e instituciones. Implica reconocer en sí y en los demás los derechos y las obligaciones, por eso suele sintetizarse en la frase "no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti".

Por el contrario, la falta de respeto genera violencia y enfrentamientos. Cuando dicha falta corresponde a la violación de una norma o de una ley, incluso es castigada a nivel formal. Este castigo puede ser una multa económica o hasta el encarcelamiento.


¿Cómo la ven? Mas claro ni el agua. Mi definición diría: "respeto es el trato cauteloso y la consideración que alguien se merece por quien es y que sucede cuando una persona considera sus posibilidades y retrocede frente a algo o a alguien mayor que él, quien puede llegarle a ocasionarle problemas"

No me importa cuántos estén en desacuerdo con mi definición (yo sé que muchos lo estarán) pero creo que cuando uno respeta algo es no solamente por que uno admira, sino por que de alguna forma también "le teme". ¿Le teme? ¡sí!, teme que le pueda causar algún problema si no es debidamente tratado o considerado como se merece.

Si como padres nos creemos que el respeto es solo admiración, le estamos quitando mucho valor al respeto verdadero. Yo respeto al policía. ¿por qué? por que es policía y sirve a la comunidad es cierto, pero también por que si me meto en sentido contrario en una calle me va a multar. Eso debemos enseñarle a nuestros hijos como padres. Nos merecemos su respeto, no por que seamos los mejores ni perfectos, sino simplemente "por quienes somos" en este caso "sus papás". El simple hecho de serlo, ya amerita su respeto. No me la voy a pasar tratando de ganarme el respeto de mis hijos, más bien "voy a exigir que se me respete por que es lo justo".

Debemos recordar que si nuestros hijos no aprenden a someterse a nosotros, a obedecernos y respetarnos, mucho menos lo harán con Dios o con otra persona. Como padres Dios nos ha escogido para ser los modelos delante de nuestros hijos, para representarlo a El  y a su autoridad. ¡Que gran responsabilidad! Somos el "embajador" de parte de Dios para nuestros hijos. Como padres tenemos una doble labor en este sentido, ya que por un lado esto amerita nuestro propio temor y respeto hacia Dios pero al mismo tiempo, debemos estar exigiendo respeto de nuestros hijos hacia nosotros.

¿Cómo hacernos respetar? Ya he dicho que la desobediencia irá hasta donde nosotros la dejemos ir. Esto se aplica de nuevo aquí. Me ha pasado ultimamente, sobre todo con mi hija mayor que tiene un carácter tan fuerte, que cuando menos pienso "se brinca la rayita" con palabras o frases que de pronto , ya no demuestran respeto. O que si le bajo dos rayitas a mi firmeza y en el hacerme respetar, inmediatamente ella le sube esas dos rayitas a su falta de respeto.

No cabe duda que el respeto no surge del ejemplo (ojalá y así fuera como tanto lo aseguran) y tampoco nace del corazón del niño por naturaleza (como dije en otra ocasión) es algo que debemos vivir un día a la vez. Hoy me vas a respetar, por que soy tu madre. Si te parece o no lo que te estoy pidiendo ¡no importa!

Esa es la trampa en la que como padres más caemos, que reducimos nuestras luchas de poder con nuestros hijos a "dulces, permisos, tareas prometidas, etc" cuando no se trata ni siquiera del tema en cuestión sino de la "obediencia" que recibamos de nuestro hijo. Lo más importante es la actitud, y en este caso, una actitud de respeto es la que dice "te obedezco por que eres mi padre y a Dios le agrada que yo lo haga" y no una que diga "te obedezco si lo que me pides me parece razonable y conveniente"..¿Se ve la diferencia?

Confieso que mis hijos son muy hábiles y a veces me hacen caer, pero no dejo de levantarme de nuevo para mostrarles quién tiene el poder. Como papás acepto que somos muy sentimentalones, y muchas veces nos condena la culpa de "¿estaré siendo demasiado severo?.. ¡es solo un dulce! Claro que si se tratara de un dulce ¡faltaba más! que se coma  cinco, seis!. El asunto real, es que si permitimos una cosa, al rato otra y otra, y después ya no tenemos el control por que hemos perdido credibilidad. Eso es lo que como papás más nos cuesta ganarnos. Entonces viene de nuevo la cuestión pero ahora enfocada correctamente ¿voy a perder mi credibilidad frente ami hijo por un dulce? No debemos hacerlo. A veces tengo que repetirme a mí misma cuando estoy a punto de ceder "acuérdate cuánto te cuesta ganarte su respeto de nuevo". Debemos encender ese recordatorio en nuestra mente cada vez que nuestros hijos quieran sabotear nuestra autoridad y no olvidar que si nos mantenemos firmes una vez, y luego otra y otra etc.. nuestros hijos también sabrán que no somos dados a ceder y se hará (al menos por un tiempo) más fácil el obedecernos. Digo al menos por un tiempo por que si te descuidas te dejarán de respetar antes de que lo notes, pero si lo haces, no dudes en volverle a subir "dos rayitas" o tres o las que sean necesarias.

Ayuda mucho el hacerlos cumplir la orden inmediatamente, por que si la dejamos pasar, nos costara horrores hacer que se cumpla. El tono en el que nos hablen nuestros hijos o las cosas que dicen cuando se molestan por que les pedimos algo que no quieren hacer, es otra cosa que debemos cuidar. Si nos contesta algo como "si ya te dije, todo el tiempo me dices lo mismo, etc." debemos pararlos en seco y no permitirlo. Todo lo que permitamos se volverá como una bola de nieve que después de un tiempo no podremos controlar.

Se que no es fácil, yo misma lo enfrento todos los días, pero entre más credibilidad tengamos como padres frente a nuestros hijos más fácil será el hacernos respetar y tomar el control antes de que sea demasiado tarde.

Espero que te haya gustado.


Por cierto aquí estan las respuestas correctas de lo que idealmente tendría que suceder con tu hijo si te respeta: 1=b  2=b  3=a  4=c  5=d  6=d

jueves, 27 de septiembre de 2012

"Serán mis amigos si hacen lo que yo les mando"



 Hola de nuevo. Elegí un tema fuerte para comenzar. No lo hubiera querido, pero la situación lo ameritaba. Siguiendo con el tema de la disciplina positiva, les cuento que se me cayó la boca al piso el otro día que leí algo sobre el enseñar desobediencia, ¡¡si!! DESOBEDIENCIA a los niños. Literalmente decía: "yo le enseño a mi hijo que si algo no le parece debe desobedecer". Con el afán de que el niño sea una persona que todo lo cuestione, que se resista a hacer la voluntad de los demás solo por complacer a otros y que busque solo hacer "lo que a él le parezca"

¿Dónde queda me pregunto yo, la compasión, la justicia, el altruismo, el interés y el amor por el prójimo?

Alegan que los valores se aprenden "con el ejemplo" pero ¿cómo le enseñan la justicia a un niño que está acostumbrado a pensar solo en sí mismo?

Existe horror de poner en práctica los viejos métodos como si los nuevos estuvieran funcionando tan bien. Yo me horrorizo de niños cada vez mas pequeños, que no respetan, que son los reyes de la casa, que todos deben hacer lo que ellos quieren, cuyos padres evitan a toda costa las confrontaciones y prefieren ceder antes de parecer el enemigo.

Con razón Jesús decía: "seréis mis amigos si hacéis lo que yo os digo" ...Podemos asumir que después de la frase se escucha bien un: "y si no no"..
Eso es justamente lo que debemos inculcar en nuestros hijos. Si siempre somos sus amigos, nos van a pasar por encima muchas veces.

LA DISCIPLINA NO DEBE SER POSITIVA, DEBE SER FIRME Y CON CONSECUENCIAS PROPORCIONALES A LA FALTA.

Un día me comentaron que la disciplina en sí era algo positivo, yo creo que no. La disciplina siempre resulta como algo "negativo" que no nos gusta, lo positivo es el efecto dela disciplina.. Es como la medicina que en sí no sabe rica ni es una experiencia grata el tomarla, pero cuando te la tomas a pesar del mal sabor, entonces viene el efecto positivo. La disciplina debe ser firme y con consecuencias proporcionales a la falta cometida; que se ajusten al nivel de comprensión de nuestro niños.

Por ejemplo cuando mi niña de 8 años ha tenido una muy mala actitud, se gana lavar los "trastes especiales". Esos son los más difíciles de lavar para ella por que incluyen los vasos que se han quedado olvidados en el carro con leche de algunos días atrás, o los platos que aún tienen comida visible en ellos. Es todo un reto para Nicole, pero cuando está haciendo sus caras de asco y tratando de agarrarlos por el lugar menos sucio para poder lavarlos le digo"acuérdate que así como ves esos platos y así de indeseable es tu actitud".. Generalmente para cuando por fín termina está mucho más calmada e incluso se pone muy servicial. A toda mala acción corresponde una reacción que de preferencia tenga algo que ver con la falta cometida.

El niño que no ha sido contradicho y a quien nunca se le ha estorbado en nada, cuyos padres solo buscan su felicidad a costa de lo que sea estarán creando una persona egocéntrica que viva solo para sí misma. Debemos enseñarles valores, pero para adquirirlos de verdad, no solo se debe conversar sobre ellos, se deben de aplicar con ellos.

El mayor miedo de los que no aplican disciplina firme con consecuencias proporcionales es que tienen miedo de dañar la autoestima del niño ¡pero no se asusten! Cuando un niño se sabe amado, no hay nada en el mundo que le robe la seguridad en sí mismo, independientemente de la disciplina que se ponga en práctica. De niña yo me sabía amada aunque fui educada con "disciplina positiva" pero la falta de coherencia entre mis actos y la pasividad de mis tutores me dejaba mal sabor de boca. No solo me enseñaron (sin querer) a hacer solo lo que yo quería, sino que me quitaron el ver lo que significa la justicia.

El niño que es educado con disciplina firme con consecuencias proporcionales crece conociendo bien los límites, Entendiendo una clara diferencia de lo bueno y lo malo, de lo deseable e indeseable. Aprende a pasar por encima de sí mismo cuando es necesario ayudar a otro. Es un niño que ha sufrido las consecuencias de sus actos y por lo mismo ha sido ejercitado en la paciencia, humildad, mansedumbre, templanza, amor y justicia, y ésta última le es muy familiar.

¿Cómo estoy tan segura de que la disciplina firme con consecuencias proporcionales funciona tan bien? Por que tengo un hombre más que maravilloso a mi lado quien fue criado bajo estos estándares y que es un ejemplo a mi vida y una inspiración, cuyos padres y hermanos poseen un carácter que pocas personas lo he encontrado.¡No se traumaron! y siempre se supieron amados. Y como ellos hay muchísimos otros ejemplos de los cuales me guío.

La disciplina a la antigua no esta pasada de moda como nos quieren hacer creer. Tampoco es cierto que daña a los niños. Esta claro que no los dañará si está en manos de padres amorosos que tienen bien claro lo que quieren lograr con sus hijos.

martes, 25 de septiembre de 2012

Cuando el niño es el rey de la casa


En estos tiempos modernos, los viejos métodos de crianza nos parecen obsoletos e inútiles. Todo está al revés. Lo peor es que nos acostumbramos a que así sea, y creemos que lo de hoy es mejor que lo de ayer, cuando es obvio que mucho de lo que hemos dejado atrás era lo más sensato para nuestros hijos, bases en las cuales crecieron generaciones pasadas. aquellas que todavía respetaban y sabían servir a los demás sin tanto egocentrismo. Es tiempo de retomar las viejas costumbres y darnos cuenta del daño que está haciendo a las nuevas generaciones la psicología y métodos de crianza modernos en donde el niño es el centro del universo.

Me parece que nos estamos yendo de paso. Se dice ahora que el niño es una persona que debe decidir por sí mismo lo que quiere, alegando que al dejarlo ser y cometer sus propios errores le harán madurar.

La nueva disciplina se llama "disciplina positiva" ¡y suena padrísimo! pero cuando nos adentramos a conocerla nos damos cuenta de la realidad. No es otra cosa que poner al niño en el lugar de autoridad sobre sí mismo, se supone que ahi queda la cosa pero bien sabemos que al permitirlo, el niño no solo hará lo que quiere sino que también tratará de hacer que los demás hagan lo que él quiere.

Es cuestión de echar un vistazo a las noticias para darnos cuenta de "cuanto loco anda suelto por ahi".. adultos que violan, matan, roban y hacen cuanta cosa terrible al parecer sin el mayor remordimiento.  Si fuera cierto que el cometer sus propios errores ayudaría a una persona a madurar en el proceso, fuera de esperarse que todos al llegar a la adultez y por la cantidad de errores cometidos, hubiésemos adquirido la madurez suficiente para vivir vidas sanas y coherentes. pero no sucede asi! la madurez muy poco tiene que ver con la edad o con los errores cometidos. La madurez se forja, al igual que el carácter, poco a poco, y tristemente muchos no llegan a alcanzarla.  Entonces volviendo al tema, si los adultos de 40, 60 años, muchas veces no son los suficientemente maduros para hacer lo correcto ¿cómo esperamos que un niño lo sea?

Seguramente muchos deben estarse preguntando cómo me criaron para estar a favor de los métodos antiguos, y creo que algunos se van a llevar una sorpresa cuando les cuente que ¡yo no fuí educada a la antigua! Al contrario, mi madre, sin saber de métodos de crianza, me educó sin querer con "disciplina positiva".

Voy a describir la forma en que me criaron no para criticar, sino para prevenir a los padres en cuanto al peligro de estos estilos de crianza novedosos y atractivos, que pueden parecer funcionar en la infancia, pero que suelen dar un brusco vuelco en las edades difíciles, algo que yo misma viví.

Mi madre trabajó todo el tiempo para darme sostenimiento por que yo no tuve papá, por ésto mismo ella sentía que no debía "presionarme ni molestarme" con cuestiones que me incomodaran, asi que simplemente me dejaba ser. Cuando llegaba a casa después del trabajo lo último que quería era tener pleitos y confrontaciones, eso se entiende, y esa era otra de las razones por las cuales muchas veces ella ignoró mis malas conductas. Si a eso le agregamos que yo era una niña tranquila, introvertida, que no causaba aparentemente "serios problemas" ¡ahi tienen!..se podía pensar en serio que la disciplina firme, los regaños y castigos salían sobrando conmigo.

Si todo lo anterior no fuera suficiente, agreguemos el ingrediente principal para que la indisciplina se cocine al máximo y es que ¡vivíamos con mis abuelos! Era la consentida de la familia. La niña sin papá pero que todos amaban, mimaban y apretujaban cuando llegaban a casa de los abuelos. Crecí rodeada de atenciones, todos cumplían mis antojos y claro, me daban mucho amor. Si alguien creció sintiendose segura, amada, especial esa era yo.

EL EJEMPLO ES INDISPENSABLE, PERO JAMÁS SERÁ SUFICIENTE

Se dice que el ejemplo es suficiente para que un niño aprenda las buenas conducta, costumbres, respeto etc. Yo en teoría debía responder al prójimo de la misma forma que todos lo hacían conmigo, ¡por el ejemplo no quedaba!, tenía los mejores. Sin embargo, mi conducta dejaba mucho que desear, y ni que decir de los modales. Nada más serio parecía estar sucediendo, pero sí hubo algo que se forjó dentro de mí desde muy temprano y eso fue el egoísmo. Al desvivirse todos en atenciones hacia un niño,  éste de alguna forma llega a pensar que si las tiene es "por que se las merece" y muy pronto se forja un niño que solo piensa en sí mismo. Acostumbraba tomar mis propias decisiones las cuales muchas veces me hicieron daño y aún batallo con tantas "secuelas" de esos años de libertad aparentemente inocente. Podría llenar un libro con anécdotas que cuentan sobre mi reinado en la casa de los abuelos. Aunque era la nena consentida, y tenía muchos buenos ejemplos de dónde echar mano, simplemente no correspondí a ellos.

Hasta el día de hoy lucho con cosas que sé que debo hacer pero no las hago simplemente por que no quiero y me cuesta que las cosas se hagan de otra forma si yo ya había planeado algo. Siempre todo tenía que ser como yo quería y cuando yo queria. Algo con lo que veo que realmente batallamos los introvertidos es con socializar cuando no quieres hacerlo. No voy a saludar por que no me apetece, punto.Tuve problemas para aceptar las ideas de otros desde siempre. Las faltas de respeto hacia mi madre las recuerdo perfecto, y recuerdo perfectamente que cuando las cometía sabía cuánto me merecía un castigo, aunque sea un chiquito y nada!. Era como esas veces que hiciste algo tan pero tan malo que casi "pides a gritos que te castiguen" pero yo nunca recibí tales castigos. ¿cómo me sentía cuando no pasaba nada? ¡enojada y confundida por su pasividad, culpable e insegura!

No tengo que explicarles lo que pasó conmigo cuando llegué a la edad difícil. Total falta de respeto, pleitos continuos, deseos de libertad, de que nadie nunca me pidiera nada jamás. Comencé a fumar a los 12 años cuando mi mamá no se daba cuenta ¡y ni siquiera me gustaba! pero sabía que podía lo que quería y salirme con la mía. A los 18 mi madre me regaló un carro y la cosa empeoró. Yo sabía que mi madre no tenía control sobre mi, y jugaba con ella (literalmente) la engañaba y le hacía creer lo que yo quería, me iba con mis amigos y no voy a a decirles las tonterías que cometí por que arriesgué mi vida como si fuera basura. Aveces simplemente no llegaba a dormir. ¿Saben cómo encontraba a mi madre cuando cruzaba la puerta? ¡destrozada!. Me había convertido en un monstruo!

Ahora algunos puede que digan bueno, pero tarde que temprano volviste al buen camino! a lo mejor la disciplina positiva tubo efecto retardado en tí, ¡pero al final triunfó! ¡Nada más lejos de la realidad!.
Entonces ¿qué pasó conmigo? ¿cómo logré salir de ese hoyo? Bueno no lo hice. Parecía hundirme cada día más y lo que el mundo pensara no me importaba en absoluto. La respuesta la tiene de nuevo mi madre. Si platicaran con ella les contaría las noches y días que pasó orando por que yo volviera en mí y dejara esa forma de vida. En mí no pasó nada que tenga una posible explicación. Lo que me pasó fue justamente ¡un milagro!. Me encontré con Dios en el momento que menos parecía estarlo buscando. Al siguiente día era otra. Jamás podré explicar cómo cambié tanto de la noche a la mañana. Dios llegó a mi vida y trajo consigo una revolución que tiene 12 años en marcha y no ha parado.Y con la vida que me quede por vivir le estaré agradecida por sacarme de aquel hoyo en el que estaba. Ni ella ni yo tenemos el mérito. Las dos estabamos perdidas y sin remedio.

¡Cuidado papás!, tampoco es justo que como padres digamos "pues ahi lo tienes, No importa lo que haga con mi hijo, si Dios te rescató a tí también lo hará con mi hijo si se pierde" y a mí esto me parece una negligencia muy grande sin contar que eso es precisamente lo que conocemos por "tentar a Dios" y yo no me atrevería a hacerlo.

Como padres tenemos que reconocer que Dios no ha dado trabajo cuando os dio hijos. No nos dio seres pequeños y graciosos para que traigamos como muñequitos de aqui para allá. Nos dio seres humanos. Vidas que necesitan ser formadas. no debemos ser ingenuos y desconocer la condición de maldad que habita en todas las personas y sí, también en nuestros hijos.

Se cuestiona el que le enseñemos a un niño a someterse y yo no se qué clase de ser humano formaremos si no le enseñamos a someterse a otras personas. Si no le enseñamos que el mundo no fue creado para su placer y deleite, que este lugar no es el cielo ¡es la tierra! y está llena de calamidades con las que tendremos que enfrentarnos día tras día.

"La madurez del ser humano depende en gran medida de la conciencia que toma sobre la necesidad de otro cuando deja de pensar en sí mismo"...

MATERNIDAD ¿dulce o triste realidad?



¡Me asombra escuchar tantos comentarios sobre lo estresante, agobiante, y terrible que es la maternidad!. Y no es que no llegue a serlo, pero una cosa es que suceda, que de vez en cuando te estreses o te sientas agobiada, y otra que vivas en ese estado.

Cuando no deseaste la maternidad (o sea cuando llegó de sorpresa, sobre todo si no estabas casada o planeando tener un bebe) es como si te despertaran de un buen sueño con un baldazo de agua fría. Es salir de tu mundo, dejar tus planes, y modificar TODO en tu vida. Es hacerte a un lado a ti misma, para posiblemente jamás, poner de nuevo tus deseos o necesidades en primer lugar. Es duro.

Si es difícil enfrentar la maternidad cuando la has planeado y deseado por algún tiempo, el hecho de que llegue de sorpresa, en una situación incómoda. Atenúa mucho más cualquier “molestia” que conlleva éste asunto. Así que cuando nace el bebé, hay muchos motivos para sentirte agobiada.

La maternidad no es, ni nunca debe ser vista como una carga molesta de la que no te puedes deshacer. No debes luchar contra ella, si ya está ahí, solo debes dejar que suceda; y tienes dos formas de tomártela: una; o te la tomas “personal”, o te la tomas “real”. Osea, cuando te la tomas “personal”, sientes desesperación de no poder zafarte de ella, y en cierta forma culpas a tu hijo por todo lo que te está pasando,  por que te enoja el hecho de ya no poder seguir con tu vida “normal” desde que él llegó.
En cambio si te la tomas “real”, te das cuenta de que ya no puedes cambiar el pasado ni “prevenir” el embarazo que ya sucedió, sino que ahora debes dedicarte en cuerpo y alma a esa criatura que no tiene ninguna culpa de haber llegado o no en el momento perfecto, y te das cuenta que en tus manos tienes la vida de otro ser humano, que por cierto se te ha encomendado a ti y vas a tener que responder por ella.

Yo sé lo que es llegar al final de un largo día con mis hijos en casa, y llevarlos a dormir, deseando poder sentarme 15 minutos frente a la t.v. con un gran plato de una de las deliciosas cenas que hace mi marido, y sin embrgo no ver llegar ese momento, a veces por días. No se imagina uno que algo tan simple como eso puede llegar a ser tan grandemente valorado, hasta que tienes tres hijos y dos de ellos se llevan 12 meses exactos. Yo se lo que es querer disfrutar un momento a solas con mi esposo, para después darnos cuenta que nos quedamos dormidos por horas en la sala, esperando a que se durmiera alguno de nuestros hijos, y ver nuestras esperanzas esfumarse a causa del sueño y el cansancio. O la frustración de tener que postergar alguna salida que habíamos planeado por días, a causa de que repentinamente se ha enfermado alguno de nuestros hijos.

Si creen que después de todo ésto me arrepiento de haber tenido tres hijos, o que tal vez en el fondo de mi corazón desearía haber tenido solo uno o dos, se equivocan. Mi esposo y yo siempre acordamos en querer tener tres o 4 hijos y nunca ha habido arrepentimientos.
No cambio por nada esos preciosos momentos, como cuando los vi nacer. O los momentos en que hacen su oración a la hora de dormir. El escuchar la linda vocecita de mi hijo de casi dos años, diciendo sus miles de animales y sus sonidos, o verlo montado en su caballito de palo corriendo  por la casa, haciendo “hiiiija”. O los bracitos de mi hija de tres apretándome con sus ojitos cerrados y su enorme sonrisa, o verla jugar con sus muñequitos recreando alguno de nuestros momentos del día. Y ¿quién como mi hija la mayor, quien me enseño a ser mamá, y a conocer el maravilloso mundo del "orgullo paternal".

En fin, los momentos de los que está lleno mi día, no los cambio por nada. No creo que valiera más mi vida si fuera una mujer de negocios exitosa. Tampoco creo que pudiera sentirme más realizada de lo que hoy me siento. No puedo valorar menos mi labor que la de cualquier médico o profesionista. Mi labor es igual o más importante que cualquier otra, por que estoy formando a las personas del mañana, y lo estoy haciendo las 24 horas del día. No hay vacaciones ni salidas a comer, ni puedo atender a “mis clientes” más tarde, o por cita. Mis “clientes” viven en mi casa, y se “alimentan” momento a momento de lo que yo les dé. De mi tiempo, de mi forma de ser, del ambiente que yo propicie, de mis errores y aciertos, en fin, de lo que yo soy.

No se trata de vivir una farsa, se trata de cambiar nuestra forma de pensar para poder enfrentarnos a la maternidad sacando lo mejor de nosotros mismos, y tomándola como una oportunidad para mejorar esas áreas de nuestra vida que de ninguna otra forma podrían superarse de no ser por nuestros hijos.
¿Necesito ser más específica?, bueno; ser madre te enseña a superar tus límites. Tu amor incondicional crece con cosas tan simples como cuando tienes una torre de trastes sucios, pero lo dejas por unos momentos para leerle un cuento a tu  pequeño. Sabes que eres más desinteresado(a) cuando dejas un buen programa de t.v para jugar a las damas con tu hijo. Si crees que tu paciencia es poca, tu hijo de 2 años te enseñará a ponerla en práctica muy seguido. ¿Quieres ser más tolerante?, deja que tu hijo saque los trastes de plástico de la cocina y los tire por toda la casa!; no te estreses, sólo disfruta verlo jugar. ¿Quieres volverte una persona menos egoísta?, deja tu plato de comida enfriarse si tu hijo te pide que en ese momento le hagas burbujas.

Claro, no sugiero que le fomentes el hábito, pero a veces tienes que dejar que cosas así pasen, por que es la mejor forma en que puedes demostrarle que él vale más que cualquier cosa para ti.
La tolerancia , la paciencia, el auto-control, y aún tu forma de manejar el stress pueden mejorar si te lo tomas todo menos a pecho. No me refiero a la mala conducta deliberada, esa debe tomarse con firmeza, pero los accidentes infantiles, y el caos de la vida familiar ¡no nos dañan! nos forman mejores personas si aprendemos de ellas.

Dos bebés llorando en un automóvil pequeño, a las 4:00 de la tarde a 48 grados (clima de Hermosillo Sonora) pueden ser excelentes para hacer crecer tu paciencia e incluso tu sentido del humor, si sabes verle el lado gracioso a la situación. ¡A nosotros nos pasó muchas veces!, y créeme que es mejor reír que llorar. De pronto nos sentíamos en un “reality show” con dos bebés llorando en el auto todo el camino. Podía imaginar la expresión de la gente que estaría viendo nuestro "show". o bien podía bajar la ventanilla y asomarme al auto de enseguida para ver sus caras de asombro. ¿qué nunca habían visto dos bebés llorando al mismo tiempo? ¡bueno ahí los tienen!

¿Valoras demasiado las cosas materiales? espera a que tu hijo de tres años haga una obra de arte en el nuevo sofá, o raye tus lentes, o muerda y rompa tu collar favorito. De cosas como esas está llena la vida de un padre. Pero en vez de quejarte y soñar con el día en que crezcan y salgan de tu vida, aprecia todo lo que te enseñan, y valora aún los momentos de caos, sin tomarlos tan a pecho. ¡Esos momentos todos los vivimos!, y si no aprendemos a controlar nuestra manera de reaccionar a todo ésto, no lo haremos de ninguna otra forma.

Aprender a ver el lado divertido de las situaciones ¡no es una tontería!, ahí está escondido el arte de disfrutar la maternidad, o detestarla. Si lo hacemos, descubriremos una gran verdad: que el disfrutar a tus hijos tiene más que ver contigo y cómo te lo tomes que con tus hijos o la situación que estés viviendo.

No necesitas que tus hijos crezcan y se vallan para disfrutar de nuevo la vida, como antes la conocías (osea, sin molestias), ¡puedes disfrutarla ahora, más que nunca al lado de tus pequeños! (y en el mejor de los casos, al lado de tu pareja.)

En vez de resentirte con ellos por robarte tu vida, puedes aprender de las pequeñas lecciones que ellos nos dan día tras día, y tomar la lección como una prueba a tu carácter. Dudo que exista un mejor método para moldear el carácter, que el hecho de vivir con niños pequeños. Así que dejemos de quejarnos, y aprendamos de nuestros niños. Disfrutarlos es un arte que se aprende al superar la fobia que nos provocan las situaciones incómodas que ellos nos provocan, para invertir nuestras energías en valorar cada momento en familia, viendo el lado positivo de la situación.

Piénsalo, ¿qué padre no habrá pasado ya por lo mismo que te está pasando a ti?, la diferencia la hace tu respuesta ante esa situación. Enfócate en eso, toma lo bueno y deja lo malo a un lado y veras cómo puedes cambiar completamente el ambiente de tu casa, solo con cambiar tu actitud.

Algunos pensarán: ¿alguien me puede decir qué tiene de bueno quedarse en casa con tres niños molestos por que se canceló una salida a causa del clima de 3 grados en un frío día de invierno? …pero bien podríamos decir ¿qué puede ser mejor que meterse bajo tres kilos de cobijas, al lado de tu familia, al calor de una taza de chocolate caliente y tal vez una buena película en vez de tener que salir a congelarse las narices allá afuera en un día como ese?

Recuerda que una respuesta positiva, o negativa se contagia a todos los miembros de la familia. Así que el ambiente familiar está en tus manos, eres tú quien lo va a propiciar. Esto debe ser una buena noticia!, que si cambias tu actitud vas a influir también en los demás. Ponlo en práctica y sácale provecho.

PADRES APÁTICOS (una realidad que pocos quieren aceptar)


 En éste blog veremos el perfil del padre pasivo o apático, cuya prioridad no es su familia. Está desmotivady busca el refugiarse  en otras áreas de su vida, dejando de lado a su familia.

Esperemos que no sea tu caso, pero si encuentras algo con lo que te identificas ¡cuidado! . No dejes que la “depresión paternal” gane terreno en tu vida, ya que si logra entrar, se quedará ahí y afectará más de lo que te imaginas a los que amas.

El padre pasivo o apático, es aquel que no vive por ni para su familia. Está harto de las responsabilidades y aunque cumple con ellas, lo hace de mala gana. Se le ve harto de la paternidad y hasta puede que parezca hastiado de sus hijos. Sabe que no tiene escapatoria, así que prefiere ignorar a su familia y meterse en su burbuja para sentirse mejor. No le interesan mucho que sus hijos estén desmotivados, ya que él mismo lo está. Menosprecia los consejos acerca de la paternidad y de cómo llegar a ser un mejor padre;  la verdad, no le interesa. Sabe que está mal en darle sus sobras a su familia, pero simplemente su ánimo está decaído.

Todo esto de la paternidad ya es mucha exigencia como para pedirle que aparte de eso se auto examine y busque ser un mejor padre. No siente que sus hijos valgan el esfuerzo ni tiene ganas de superarse. El único pensamiento que parece levantarle los ánimos, es el pensar que algún día sus hijos crecerán y finalmente se irán de casa.

Este tipo de padre no tiene mucho que ofrecerle a sus hijos, así que éstos crecerán siendo mitad “zombies” (niños cuyo objetivo en la vida es simplemente crecer).. ¿Has visto niños zombies? Al ver sus ojos te das cuenta que irradian la misma desilusión que los de sus padres. También pueden ser niños muy irritantes a causa de la misma falta de atención de ellos. Pasan horas y horas frente a la t.v. y/o en guarderías. Como no han sido estimulados, muchas veces presentan un retraso en el habla y en otras áreas también.

Lamentablemente los hijos de padres desmotivados, o "niños zombies”, “al llegar a la adolescencia, se sienten por primera vez valorados y tomados en cuenta;  pero claro, por sus amigos. Este tipo de niño, correrá hacia todo menos hacia sus padres cuando necesite hablar o esté en problemas, mientras sus padres aún siguen suspirando por sus propios años de adolescencia, y su anhelo de libertad.

Estos padres faltos de carácter parecen renuentes a madurar y tomar el toro por los cuernos. Se dejan llevar por su sentimientos deprimentes, sumidos en su interminable realidad.

¿Cómo saber si se es o no un padre  pasivo? bueno, hice un pequeño cuestionario, y si respondes que sí a alguna pregunta, puede ser que tú o seas:

1) ¿te encuentras a ti mismo fantaseando con tus años de preparatoria, en donde no existían tus hijos ni la responsabilidad de llevar un casa?
2) ¿Tratas de escapar de tu realidad, escondiéndote detrás de tu trabajo, o de interminables cosas que hacer, mientras sea fuera de tu casa?
3) ¿Te muestras poco entusiasmado al levantarte por las mañanas y ver a tu familia?
4) ¿Sientes la paternidad como una responsabilidad que hay que cumplir, o verdaderamente la disfrutas?
5) Si alguien te hiciera la siguiente pregunta, ¿tu respuesta seria un sí rotundo? : ¿quisieras haberte esperado para casarte y/o tener hijos?

También existe el tipo de padre pasivo “sin querer” por así llamarle.  Es un tipo de padre que trabaja demasiado, y pasa muy poco tiempo con sus hijos. Sea que exista o no una necesidad económica real. Sin darse cuenta, ha volteado sus prioridades. Puede ser el caso de un padre que empezó a trabajar horas extra para traer más dinero a la casa y tener un mejor  de vida. O bien puede ser una madre que sintió la necesidad de trabajar y hacer  el sacrificio de dejar a sus hijos, con el afán de darles, lo mejor, pero el hecho es que de pronto, ya no trabaja para vivir, sino que vive para trabajar y el trabajo se vuelve la prioridad en sus vidas, dejando a sus hijos en segundo término.

Al principio el objetivo era tener más solvencia para darle lo mejor a sus hijos y disfrutar más la vida, pero la realidad es que ahora que tiene más solvencia, también tiene mucho menos tiempo para disfrutar la vida que quería, y claro, a sus hijos. El objetivo se perdió, y sus hijos también salieron perdiendo.. quién gana?..bueno creo que ¡el materialismo!

El consejo para éstos padres pasivos sin querer, es el mismo que para los padres  apáticos, por que a fin de cuentas queda el mismo resultado. Se que he dicho cosas con las que alguien se pudiera identificar o sentirse ofendido, pero mi objetivo es hacer a éstos padres despertar de su sueño, y darse cuenta de las consecuencias que traerá su irresponsabilidad y su falta de carácter.

Para los apáticos la realidad es que no llegará el día en que se sienten en su balcón (padre y madre ya entrados en años) a tomarse su tacita de té y decir: “que bueno que ya estamos solos,  nuestros hijos se han ido, ya no pueden molestarnos más!.”. No llegará ese día, por que para su sorpresa, si engendraste hijos,engendraste  preocupaciones, y éstas siempre suelen acentuarse con los años, en especial cuando los hijos han crecido. Entonces cuando te des cuenta de todo lo que no hiciste con ellos, y te culpes por lo mal que les pueda estar yendo, no podrás quitártelos de la cabeza y estén o no estén viviendo contigo, sí!, seguirás preocupado por ellos!.

Para los  padres pasivos “sin querer” la realidad  ¡es la misma! No llegará el día en que tengas tanto dinero, que podrás pagarle a alguien para que haga tu trabajo y tú quedarte en tu casa a disfrutar a tus hijos!. Y aún suponiendo que el día llegue, seguramente éstos ya habrán crecido, y el nido ya estará vació. Recuerden que sus niños serán niños sólo una vez, y por un tiempo muy corto. y Lo que hagas con ese período de tiempo definirá radicalmente su futuro. Si eres un padre que pasa tanto tiempo trabajando, o dejas tanto tiempo a tus hijos en guarderías o al cuidado de otra persona, que tus propios hijos prefieren quedarse con esa persona ¡cuidado!, estás siendo “pasivo” en la vida de tus hijos. De hecho, eres casi eres un espectador, por que es muy poca la influencia que tus hijos están recibiendo de ti, y mucha mas la que recibe de sus cuidadores.

Si no sientes ningún entusiasmo por la paternidad, y prefieres huir, deja de engañarte a ti mismo. Tus años de soltería en donde no había responsabilidad y podías hacerlo que querías ya pasaron. ¡¡Pero no por eso significa que tu vida acabó!! Date cuenta que los mejores años de tu vida pueden estar pasando hoy frente a tus ojos y tú no te des cuenta. Cuando tus hijos crezcan y te des cuenta que desperdiciaste su infancia quejándote de lo complicados y exigentes que fueron esos años, en vez de haberlos disfrutado al máximo, te lamentarás.

Cuando eres padre nuevo, inexperto y no tomas cordura en tu forma de vivir y aún sabiendo lo que debes hacer, no lo haces; vendrán los días de desgracia y nadie te podrá ayudar. Es mejor tomar el consejo a tiempo y cambiar nuestra manera de pensar y actuar. Si lo hacemos estaremos preparados para los días malos (por que llegarán)

Si no te involucras lo suficiente como para dejar una huella en sus corazónes, ni satisfaces sus necesidades emocionales, prepárate. Cuando en los días difíciles de adolescencia y rebeldía, tus hijos se te vallan de las manos, y veas cómo los arrastra la desgracia, ¡no te quejes!

Entonces buscarás ayuda y ya será muy tarde!. Los llevarás con psicólogos y ni ellos podrán reparar los daños. Cosecharán entonces, la rebeldía y el descuido que sembraron en sus hijos a tierna edad.
Formar niños sanos emocionalmente y maduros de carácter, no es fácil pero tampoco es tan complicado como para no poder hacerlo. Se requiere tiempo y entusiasmo.

Es saber disfrutar de las pequeñas cosas del día a día, y tomarnos el tiempo para bajarnos al nivel de nuestros niños, y mirarlos a los ojos. Es tomar el tiempo de leerles un cuento, y jugar juegos de mesa. Es dejar a un lado lo que estemos haciendo para decirles, sin palabras, cuánto nos importan. Todas esas pequeñas cosas, van sembrando en ellos la confianza, y las bases de su  autoestima. Van formando ese refugio llamado “hogar” en donde podrán esconderse del mundo cuando necesiten sentirse seguros y en donde se formarán sus personalidades y se les escuchará y apoyará.

Brincarse ésta etapa, ya sea por apatía o falta de tiempo, es abrirle la puerta a todo tipo de conflictos futuros. Recuerda que la cosas que valen la pena, cuestan trabajo. Tal vez es hora de darnos cuenta que el sacrificio real no es tanto el dejar a nuestros hijos para correr tras un mejor nivel de vida, sino el privarnos de ciertos privilegios para poder permanecer más tiempo con ellos.

El reconocer que nuestro tiempo de libertad se acabó para abrirle las puertas al tiempo de la paternidad, el cambiar las salidas con los amigos por cenas familiares, y el dejar cualquier actividad no necesaria para pasarla con nuestros niños es un decisión que puede traer resultados fabulosos.

Recuerda, todo es cuestión de decisiónes. Que nuestros hijos no paguen la cuenta por nuestro egoísmo; al contrario, que sepamos darnos a ellos, que son lo que más amamos y la prioridad más alta que se nos ha encomendado.

MI POBRE ANGELITO


Soy madre, amo a mis hijos.  Los defiendo a capa y espada  y para mí no hay otros más lindos, tiernos y maravillosos; y  me imagino que piensas exactamente lo mismo de los tuyos. Sí, todas somos “mamás cuervo”

En esta ocasión veremos la verdad que se oculta tras ese par de hermosos ojitos indefensos. Una verdad que no a todas las mamás les gusta encarar y que muchas prefieren ignorar.
La verdad es que nuestros hijos, de angelitos tienen muy poco, ¡casi nada!(sí, los tuyos igual)
Aún no he conocido ningún angelito, y dudo que lo halla en verdad.

¡Nadie es perfecto! No hay papás perfectos, ni hijos perfectos. Sería maravilloso ver el caso de algunos padres perfectos, educando a su retoño, para ver qué clase de persona saldría de ahí ¿verdad?.. Bueno, creo que nos quedaremos por siempre con la duda, por que no creo que haya habido nunca, algunos padres que no cometieran algún error con sus hijos.

Pero aún así, sigo creyendo, que si tales padres existieran (que de por si creo que tendrían que ser extraterrestres), de todas formas no creo que por ser perfectos, y educar a su hijo de manera perfecta ¡resultara que el hijo fuera perfecto!… ¡NO! la verdad es que esos dos padres extraterrestres perfectos, verían crecer a un niño lleno de desaciertos, y malos comportamientos (¡pobres padres extraterrestres! ¿quién les mandó adoptar un terrícola?)

¡Es verdad!, no tenemos ningunos pobres angelitos. En cambio tenemos a los que se tiran al piso y patean, jalan el pelo, toman agua del excusado (mi hijo ya lo probó..¿y el tuyo?) le pican los ojos al hermano, comen alguna cosa extraña que sacaron de abajo del sillón, pero no quieren comer su sopa. Nunca quieren juntar su cuarto; siempre quieren más tele y más postre…y así sigue la lista..

Ahora imagina que dejas a tu niño hacer lo que él quiera, por un día…¡¡¡lo que sea!!!..ahora imagínalo por dos días..y por tres..un mes…años…¿¿qué clase de niño tendrías??… ¡sería peligroso!

Algunas mamás se rehúsan a aplicar disciplina. Prefieren catalogar el mal comportamiento como “niñerías”. y guardan con celo el famoso dicho de: “a los niños hay que dejarlos ser niños”, con el que estoy muy de acuerdo en muchas ocasiones, pero definitivamente no debe aplicarse por siempre en todo.

Si queremos tratar al niño siempre como niño, ¿cómo va a aprender a comportarse como adulto algún día? Después vemos gente adulta inmadura, que siente que lo merece todo y que todavía hacen berrinche…  ¿han visto alguno?.. O si esperas a que cumpla siete o diez años para empezar a corregirlo alegando que a esa edad ya entiende lo que está mal, ¿qué clase de niño habrás creado para ese entonces?… lo más seguro es que un exigente, egoísta y berrinchudo.

Debemos enseñar a nuestros hijos que el mundo NO gira en torno a ellos. ¿Por qué hay tanto miedo de poner en marcha la disciplina? por que aveces, nos creemos el cuento de que, si me la paso corrigiéndolo, se va a hartar, y ya no me va a querer, o va a pensar que yo no lo quiero. ¡Que mentira tan grande!

Aqui les dejo unos puntos para meditar:

1. Todos los niños NECESITAN reglas y límites por que les dan seguridad. ¿cómo es posible? simplemente imagina salir a pasear y de pronto darte cuenta que quitaron todos los semáforos, altos y límites de velocidad de la ciudad ¿cómo te sentirías? En cambio sales de tu casa confiado en que todos van a respetar el alto o el semáforo en rojo, y ésto te da seguridad. Las reglas hacen que todo y todos embonemos, y trabajemos juntos por el bien común. Sirven para ayudarnos. Sin reglas ¡hay caos!.

Nuestra casa es el pequeño mundo donde nuestros hijos deben aprender a obedecer reglas y respetar a sus padres, a sus  hermanos, abuelos, maestros, etc. Un niño sin reglas bien marcadas, se siente inseguro. No sabe cuánto puede hacer, o hasta dónde puede llegar. Los límites deben estar bien marcados para que no creen confusión; para que ellos sepan lo que esperamos exactamente de ellos. Debemos sentarnos a definir cuáles serán las reglas de nuestra casa y no permitir que sean fácilmente quebrantadas. Debemos ser conscientes, de la edad de nuestros hijos al escogerlas, e irlas modificando conforme pasa el tiempo y nuestro hijo va creciendo, y tomando más conciencia y responsabilidad.

2. No debemos ser condescendientes con ellos. No debemos permitir el chantaje departe de nuestros hijos.
Al principio, es difícil permanecer firme cuando nos piden algo que ya dijimos que no íbamos a darles, o si ya les dimos una orden, no podemos esperara que la cumplan “mas al ratito”, por que todo lo que hagamos aquí va a crear un hábito. Todo en la infancia se rige por hábitos, y los malos surgen solitos, de manera muy natural. Los buenos en cambio se deben formar.

La buena noticia, es que, si logramos permanecer firmes, y no cedemos a sus chantajes, ésto también creará un habito: el de la obediencia.¡y hay algo mejor!, será obediencia acompañada de respeto, por que el niño siempre va a respetar a aquel que se haga respetar.

El respeto, y la obediencia, no surgen de la noche a la mañana. No surgen desgraciadamente, de un corazón amoroso para con ellos, ni de largos sermones. Tampoco surge de el fondo del corazón del niño, por que por desgracia, su naturaleza humana le hace actuar de forma irracional, irrespetuosa y egoísta. A muchos les encanta manipular y hacer que el mundo se desviva por sus caprichos. Otros recurren al chantaje para hacer sentir culpables a sus padres al tratar de disciplinarios. Nada de ésto debe “ablandarnos” cuando se trata de enseñar obediencia y respeto.

Si tenemos en mente lo que queremos lograr con ellos, si nos fijamos metas alcanzables por ellos, y para su bien; si no nos dejamos manipular, si los disciplinamos con firmeza y amor, y sobre todo, si somos constantes y no nos damos por vencidos, entonces veremos una luz de obediencia encenderse en sus corazones. Entonces surgirá el respeto a la autoridad y curiosamente, también el amor. Por que amor y respeto van unidos. El niño ama, no a aquel que le da todo lo que quiere, ama a aquel que le obliga a sacar lo mejor de sí mismo, por que es él quien le va a evitar hacerse daño y el niño, aún a tierna edad, ya lo puede “oler”.

El niño no se “trauma” con la disciplina (aunque él nos trata de vender esa idea) él mismo sabe que la necesita. Un niño no tiene la madurez para decidir lo que es mejor para él, eso se lo tienes que enseñar tú. Si le das a él la autoridad imagínate lo que hará con ella. Es como si lo dejaras conducir un auto.  Eres tú el que sabe hacerlo y  poco a poco, mientras crece y te ve conducirlo, aprenderá de ti;  para que algún día puedas darle las llaves de su propio auto. Sé un buen conductor para que él también lo sea.

Por último. la obediencia no surge “derrepente”. Requiere mucho trabajo consciente de tu parte.
Aún con todo ésto no debemos olvidar que “no todos los buenos padres tienen buenos hijos, ni todos los hijos buenos lo son necesariamente por que tuvieron bueno padres” Ésta es, claro, la excepción y no la regla, por que la disciplina y la eficacia de los padres, se nota tarde o temprano. Pero no por eso debemos generalizar ni criticar.  Es fácil pensar mal de algunos padres con cierto tipo de niños y pensar que no se les disciplina lo suficiente. La verdad es que ¡nunca lo sabremos! Nosotros no vivimos en su casa, ni tenemos a sus hijos. Entendamos que hay niños fáciles que complacen a otros de forma natural (aún sin tener padres eficaces)  y niños difíciles quienes tienen voluntad de hierro.y a cuyos padres les cuesta muchísimo más el lograr someter su voluntad y moldear su carácter (otro tema de blog), y claro también hay todo tipo de variaciones en medio de esas dos. No comparemos a nuestros hijos, ni nos comparemos como padres. Hagamos nuestro mayor y mejor esfuerzo, y sintámonos satisfechos de saber que hemos dado lo mejor de nosotros mismos y seamos padres excelentes aunque no seamos perfectos. ;)

¿Quién soy?




 Esta es mi historia:

Soy hija única de mi madre, a quien amo y admiro, ella trabajó durante toda mi infancia (y aún lo hace) por que fue madre soltera. Viví una feliz infancia en la casa de mis abuelos, al lado de mi mamá.En mi adolescencia, mi mamá se casó, con un buen hombre a quien recuerdo con mucho amor y a quién mi hija mayor tuvo el gusto de llamar "abuelo".


Yo me casé joven (a los 20 años), y JAMÁS  me he arrepentido. Ha sido una de las mejores decisiones de mi vida. Probablemente se debe a que tengo un gran esposo y padre a mi lado.  Mi vida cambió mucho a los 21 años, cuando nació nuestra primera hija, y fui como toda nueva mamá, aprendiendo y guardando en mi corazón todas las cosas hermosas, pero también toda la exigencia que conlleva el ser mamá. Nicole es una niña alegre, madura y también de temperamento fuerte con tendencia al liderazgo. Por un lado era el tener una niña que siempre superaba nuestras expectativas, pero por otro fue una niña que nos formo como padres, por que nos  exigió mucho para poder ganarnos su respeto.

 Yo pensé no tener hijos al menos en los tres años siguientes, tal vez un poco traumada con tanta nueva responsabilidad, pero cuando mi niña cumplió tres años, no podía esperar el momento de volver a ser mamá. Después siguieron nueve largos meses de espera antes de lograr "embarazarnos" de nuestra segunda nena, y para cuando ella nació, la mayor, ya tenía cuatro años y medio y estaba  ansiosa de tener una hermana (de hecho se la estuvo pidiendo a Dios durante más o menos un año completo), así que jamás experimentó ningún tipo de celos, ni siquiera de los más leves. Se tomó muy enserio su papel de hermana mayor enseguida. Yo nunca pensé que las vería jugar juntas,  dada su diferencia de edades, pero para mi sorpresa, juegan bastante. Nicole adapta los juegos para incluir a su hermana, y es muy buena maestra por que le enseña todo por gusto propio. Pero la fiesta apenas comenzaba!

Mariane, nuestra segunda hija, tenía apenas tres meses, y yo apenas estaba asimilando el ser mamá ya no de una, sino ahora de dos niñas, cuando me dí cuenta, de algo increíble... estábamos esperando un tercer bebé!.  Sin pruebas de embarazo, y mucho antes de la primera cita con el Dr., yo ya lo sabía. Mi esposo no podía creerlo y yo tampoco. Nunca sabremos realmente que pasó, por que cuando digo que nuestro tercer bebé fue una sorpresa, es por que en verdad lo fue. Nuestro ginecólogo simplemente dijo que éramos muy fértiles y yo no podía creer que un nuevo bebé viniera en camino, ya que siempre nos habíamos "cuidado" muy bien. Además esto no tomaba mucho sentido junto al hecho de que tardamos nueve meses esperando quedar embarazados de nuestra segunda niña.

La noticia fue una mezcla de todo, un poco de miedo, incertidumbre, pero también mucha emoción y amor que nacieron tan pronto supimos que éste pequeñito ya venía en camino... y no!, claro que no estábamos preparados.  Todo era nuevo, el vivir un embarazo tras otro, con una separación de tres meses entre ambos, es algo que no se ve, ni mucho menos lo vive cualquiera.  Mi prima, que tuvo cuates, me decía: tu caso es peor que el mío, por que yo tuve dos de una sola vez, y tu tienes una bebé y una panza!
Gracias a Dios mi panza era bastante pequeña, y de los tres, fue el embarazo más "sencillo" (por así decirlo). Mi bebé (Mariane) aunque estaba muy pequeñita, se portaba tan bien, que no me podía quejar.  Además resultó ser muy independiente. Era del tipo de bebé que quería comer sola, dormirse sola, y jugar por horas en su corral sin quejarse. Puedo decir que no batallé para nada con ella,  (al menos el primer año y medio porque después vino la revolución), era la bebé que todos soñamos tener, y la verdad estábamos muy felices!

Si pensamos que nuestra vida había cambiado al nacer Nicole, no sabíamos lo que nos esperaba con los dos siguientes. Después nació Mateo, nuestro tercer hijo, un bebé bastante exigente, pero también muy cariñoso y juguetón. Aprendimos a turnarnos día y noche cada uno con un bebé (sobre todo cundo se enfermaban juntos). Aprendimos a sacar lo bueno de la situación y darnos alguna recompensa cuando por fin se dormían, como cenar algo juntos, o ver alguna serie en la TV, momentos que de pronto se volvieron muy valiosos por que era muy poco el tiempo que teníamos para nosotros dos.  Además, mi esposo, se tomó la responsabilidad de despertar, dar desayuno, cambiar y peinar a nuestra hija mayor para llevarla a la escuela, para que yo tuviera unas dos horas más de sueño. Aprendimos a trabajar en equipo y bajo presión, pero les aseguro que estos que estamos viviendo son "años maravillosos" que después recordaremos con nostalgia y de pronto ya lo hacemos, por que nuestros bebés ya están acercándose ya a los  dos y tres años, y muy pronto ya no serán bebés. Tomamos fotos como locos y cada vez que tenemos oportunidad, los sacamos a pasear, a pesar de lo difícil que puede llegar a ser incluso eso (bebés cansados = bebés llorando).

Todo esto puede parecer abrumador, pero la realidad es que tomamos nuestro papel de padres muy en serio y con mucho gusto, y muy seguido nos encontramos diciéndonos que éstos son los mejores años que hemos vivido en nuestra vida, y de verdad creo que lo son. El encontrarte rodeado de pequeños bracitos que te abrazan, el sentir el amor de nuestros niños y escucharlos decir: te amo, es más de lo que podemos pedir. En verdad estamos enamorados de estos pequeñitos. Nos han hecho crecer y madurar tanto, y nos han enseñado mil lecciones; las cosas que de verdad valen la pena. Los hijos te enseñan a enfocarte en lo verdaderamente importante, matan el egoísmo en tu vida, te enseñan a darte y a hacerlo por amor, por verdadero amor. Cuando sabes que eres capaz de dar tu vida por ese pequeñito, y sabes que debes ser lo mejor que puedas para él, te das cuenta de que ellos saben sacar lo mejor de ti.  Si un hijo logra hacerlo, ¡imagínate lo que logran tres!

Bueno, ésta soy yo. Madre de tres, de tiempo completo, y me encanta serlo. Hice este blog para compartir temas acerca de nuestros hijos y también para escuchar puntos de vista y consejos que nunca están de más. Espero que te guste y sobre todo, que te sea útil ;)

Diana R.


¿NACEN O SE HACEN?

Desde siempre, los científicos han tratado de resolver el enigma de si un niño es lo que es por que así nació (por sus genes), o si el medio lo hizo así (las experiencias vividas)

Yo pienso que los niños son una mezcla de las dos cosas; debemos respetar lo que son y lo que ya traen en sus genes acerca de su personalidad, aptitudes, gusto, etc., pero, sin descuidar el ambiente en el que viven, por que ciertamente tiene una tremenda influencia en ellos también. Quedarán impresas en sus vidas para siempre todas las buenas y malas experiencias, y quedarán bien sentadas las bases para el tipo de adulto que será nuestro hijo.

¿De qué sirve analizar esto?, primero, por lo que acabo de mencionar: el hecho de que, lo que hagamos, ignoremos, o dejemos de hacer con nuestros hijos hoy, quedará para siempre en sus mentes y sus corazones. ¡Para prueba nosotros mismos!, ¿qué recuerdos tienes de tu propia infancia? los buenos momentos (los muy buenos), se te grabaron para siempre, y también los malos, haciéndote actuar, pensar, reaccionar e incluso educar a tus propios hijos de la forma en que lo hicieron contigo.
Hagamos un alto para pensar en ésas cosas que juramos no repetir, pero que a veces “nos salen solitas” desde adentro, como un eco que dejaron nuestros padres en nosotros. Tomemos lo bueno para repetirlo con nuestros hijos, y desechemos lo que no queremos repetir, “renovemos nuestro entendimiento” para lograrlo.

La segunda razón es que debemos aceptar a nuestros hijos como son, ya sé que lo hemos escuchado muchas veces, pero es inevitable que en algún momento, tu hijo, en algún área, no va a responder como tú esperabas o soñabas que lo hiciera. Sí, en algún momento, ¡tu hijo te va a decepcionar!.  Hay algunos papás que obligan a sus hijos a tomar clases de cosas que a ellos no les interesan, el clásico padre que intenta vivir sus sueños frustrados a través de su propios hijos, y deposita la responsabilidad de complacerlo a él, por encima de los deseos de sus hijos, éste tipo de padre es egoísta.
Pero  cuando a ti te pase, cuando llegue el momento (y asegúralo que llegará) y sientas la decepción, debes ser muy cuidadoso con tu reacción. cuida las palabras por que puedes herirlo. Es mejor reservarte los comentarios, y seguir adelante, después de todo, nuestros hijos si venían programados en ciertas cosas que nunca podremos cambiar, y es ahí donde debe entrar en acción la comprensión y el amor incondicional. Debemos darnos a la tarea de conocerlos cómo son, quiénes son, y aprender a amarlos por lo que son en verdad.

Bueno, este dilema termina así: Sí, vienen programados o “predispuestos” en ciertas áreas que debemos respetar y aceptar. Y sí, les afecta el medio, así que procura crear el mejor y más sano ambiente posible en casa para que tu hijo crezca lleno de buenos recuerdos que marquen su vida y también su propia paternidad cuando llegue el momento.

Espero que te haya ayudado, danos tu opinión o cuéntanos tu experiencia :)

NIÑOS FÁCILES Y NIÑOS DIFÍCILES


Hay niños que vienen y te abrazan y después se van con sus necesidades de afecto satisfechas. Hay otros que parecen nunca tener suficiente de ti. Hay quienes entienden con una advertencia, y otros hasta con el castigo les cuesta aprenden la lección.

Me he topado con que esto de "etiquetar niños" no es bueno, y yo no pretendo hacerlo, pero tampoco podemos negar la realidad de que cada niño tiene su "temperamento especial", tanto que desde el primer momento que sostenemos en brazos a nuestro bebé, ya sentíamos que era diferente a su hermanito o a todos los demás niños. La verdad, hay niños fáciles y niños difíciles. Y además existen todo tipo de variaciones en medio de esas dos. Independientemente del tipo de niño que nos haya tocado, nuestra tarea es la misma. Educarlo, enseñarle a comportarse, enseñarle a respetar, etc.. ¡Eso sí!, está claro que algunos consumirán mucha más de nuestra energía que otros en el intento.

Si nos ha tocado un niño fácil, educarlo no es problema. Hasta los padres con muy pocas energías logran hacerlo. No necesitan ser padres muy hábiles ni tampoco muy persistentes, por que éstos niños de forma natural, quieren complacer a papá y mamá por encima de sus propios deseos. Disfrutan hacer felices a los demás y esto les hace felices a ellos. Así que no es difícil imaginar por qué es tan sencillo “entrenar ” a éstos niños de temperamento dócil.

Estos niños no se quejan, son pacificadores, así que darían su juguete con gusto para evitar cualquier conflicto. Y si alguien les hace daño, prefieren sufrirlo en silencio, antes de preocupar a alguien. No discuten. Lo que diga mamá, siempre es lo que prefieren hacer. Su desventaja es que como no protestan, muy pocas veces se defienden de alguna injusticia. Ellos evitan a toda costa crear problemas, en especial cualquier cosa que haga enojar a mamá.

Educar un niño con alma de líder, es otro asunto. No cualquiera lo logra o siquiera lo intenta. Él es de temperamento irritable. y le gusta que todo se haga exactamente como él quiere. y no se da fácilmente por vencido hasta obtenerlo. Se rebela ante casi cualquier regla, por que piensa que él tiene una idea mejor. A veces les gusta dar la contra solo para controlar las situaciones. Es un niño que siempre domina al grupo y logra que los demás se sometan a sus deseos. Parecen nunca obtener suficiente de sus padres. La disciplina  con ellos definitivamente no logra los mismos resultados que con los niños nobles. No funciona si te haces su amigo por que entonces se vuelve incontrolable la situación, ya que fácilmente asume el poder, y a los padres puede tomarles mucho el recuperarlo.

Algunos padres de éstos niños simplemente se dan por vencidos, y se bajan del trono. Le dan al niño el control y son ellos quienes se someten. Se reconocen débiles ante el niño de voluntad persistente ya que éste los somete a un gran agotamiento físico mental y emocional. Educar y moldear a niños de éste tipo, es todo un reto. Aún para los padres más hábiles y consistentes puede ser todo un desafío. No es imposible, sólo que es mucho más difícil.

No todo está perdido en éste caso, ya que hay una gran recompensa para los padres de niños como éstos, si logran mantenerse firmes: formarán un líder con carácter. En cambio, si no se toma enserio la disciplina con éstos niños, muy probablemente quedará de él solo un adulto terco y obstinado a quien nadie querrá tener cerca.

Si somos padres prudentes y nos damos a la tarea de descifrar a nuestros hijos, nos haremos cargo de las necesidades específicas de cada uno de ellos. y acudiremos a suplir y reforzar aquellas áreas en donde mas nos necesitan.

 ¿A tí de cuáles te tocaron?

DOS COPOS DE NIEVE

Estos son mis amores. Muchas veces me preguntan si son gemelos, y a pesar del parecido no lo son. Ellos son dos copos de nieve.
 No hay dos niños iguales. Ni siquiera los gemelos idénticos lo son, ¿por qué habrían de serlo cualquier par de niños, solo por ser hermanos? Cada niño es como un copo de nieve, totalmente diferente de todos los demás. Puede que tenga algunas características tuyas, otras de tu pareja, o de sus hermanos, pero a fin de cuentas, es único. Hay cosas que solo tu hijo tiene, y nadie más.

Pero si hablamos de tiempo, amor o educación, siempre hemos oído decir que debemos ser parejos con todos. Que no se vale darle a uno más y a otro menos, que debemos ser imparciales.Yo opino diferente.

Como cada niño es diferente, tiene diferentes necesidades, entonces no podemos tratarlos a todos por igual, por que siempre nos faltaría de un lado y nos sobraría de otro. En cambio, pienso que debemos darnos a una tarea mucho mayor que la de ser imparciales y parejos con todos nuestros hijos. Debemos darnos a la tarea de conocerlos individualmente para poder ajustarnos a las necesidades particulares de cada uno.

Conocer a nuestros hijos, no es ni tan sencillo como pudiera pensarse. Hasta en éste punto hay discrepancias. Mientras que algunos son transparentes como el agua, los hay de lo más enigmáticos e indescifrables que se imaginen.

Desde el momento en que somos papás, nos damos cuenta de la difícil tarea en la que nos hemos metido. Para cuando llega el segundo, y ni se diga con el tercero, las exigencias crecen más de lo que nos pudimos haber imaginado. Ahora no sólo somos papás de una criatura única y singular con necesidades específicas, sino que tenemos dos o tres criaturas únicas y singulares, llenos de diferencias entre sí, de diferentes edades, que requieren atención específica y personalizada. Por si fuera poco, uno cree que las sabe de todas todas cuando ya tiene un niño que superó al menos la etapa de bebé para ser un preescolar. Eso pensamos ¡hasta que nace el segundo!, y empezamos a querer aplicar las mismas técnicas que ya conocemos. Técnicas que nos costó trabajo descubrir, y adaptar para satisfacer las necesidades de nuestro primer hijo, pero que nunca imaginamos que no nos servirían de nada con el segundo. ¿ Pero qué pasó?.. por qué nuestro segundo hijo no reacciona de la forma esperada?..  Por que es ¡DIFERENTE!. Sus necesidades, su forma de dormir, de comer y sus gustos son diferentes. ¡Debes modificar todo!. Hasta sus canciones favoritas serán otras.

Por eso se necesita un poco de todo: sabiduría, un poco de intuición, sexto sentido materno, experiencia, consejos, mucha larga y detallada observación, y juegos de prueba y error.
Tú debes descubrir qué es lo que a éste nuevo bebé le gusta, y qué funciona para él, ¡y sí! tristemente debo decir que debes olvidarte de todo lo que creíste que sabías, por que puede que nada de ésto le sirva a  tu otro hijo. Después de todo, no tuvimos ningún par de clones, ¡son dos copos de nieve!
Diseños diferentes, personalidades diferentes, respuestas diferentes.

A una de mis hijas le gustaba dormirse sola, comer sola, y jugar largo rato aunque yo no estuviera cerca. A la otra no le gustaba quedarse sola jugando, quería que yo la alimentara y también que la acunara para dormir. Es muy seguro que esas diferencias continuarán a lo largo de sus vidas, y yo no pretendo cambiar a ninguna. Me imagino que también tú puedes identificar en tus hijos, muchas de éstas diferencias. El reto es, que puedas adaptarte a tus hijos, de forma individual. No es cierto que todos necesitan la misma cantidad de afecto, ni de tiempo, ni mucho menos el mismo tipo de disciplina.

En el post anterior dije que no hay que compararnos como padres; esta vez diré que tampoco hay que comparar a nuestros hijos entre sí. Pocas cosas pueden crear una raíz de amargura tan profunda como las que nacen de las comparaciones entre hermanos. De la misma forma en que no puedes comparar el bosque con la playa por que ambos destinos tienen sus atractivos y desventajas, así tampoco puedes comparar a tus hijos por que son únicos y puede que también sean opuestos. De todas formas al conocer a cada uno resulta maravilloso ver lo bien definido que tienen sus puntos débiles y sus fortalezas.
Respetar su individualidad, es cierta forma de amor incondicional, por que sea quien sea nuestro hijo, pese a si compartimos sus gustos o son lo opuesto a lo que quisiéramos, lo amamos igual, y lo respetamos, no tratando de imponerle ser alguien que no es, por el contrario, apoyándolo en todo lo que esté a nuestro alcance para que logre ser la persona que de antemano ya estaba preparado que fuera.
Algunos padres tendrán que morir a sus propios sueños frustrados por que será la única forma en que podrán apoyar a sus hijos en sus propios sueños. Debemos reconocer que nuestros hijos no son prolongaciones de nosotros mismos. Puede que tengamos hijos de todo tipos y sabores, y puede que ninguno llegue a realizar nuestros viejos sueños frustrados, pero eso no significa que ellos no llegarán a ser incluso mejores que nosotros. Yo no puedo esperar para ver las sorpresas que depararan mis tres copos de nieve!. ¿y tú?..

MAMÁ, ¡TÚ ESCRIBES LA HISTORIA!


¿Has pensado alguna vez, que lo que hagas hoy con tus hijos, va a trascender por generaciones?

 La forma en que te educaron a ti, tiene mucho que ver con la forma en que educaron a tus padres; y la forma en que los criaron a ellos, tiene mucho que ver con la educación que recibieron de tus bisabuelos.
¡El poder está en ti! lo quieras o no; lo creas o no.

Las creencias, costumbres, hábitos, reacciones, la forma de pensar y de actuar son transmitidas hasta la tercera y cuarta generación; así que habrá mucho de ti en tus hijos, nietos, bisnietos y tataranietos.
¡Wow! ¿no es sorprendente? ¡No vas a morir sin dejar huella, la vas a dejar!.

Pero la verdad ¿quiénes  no recordamos momentos en donde nos juramos a nosotros mismos JAMÁS repetir cierta cosa de nuestros padres, en nuestros hijos?.. y ¿cuántos mantuvieron su promesa intacta?
Y es que hay mucho, (muchísimo más de lo que creemos) de nuestros padres en nosotros. Y las cosas que juramos no repetir ahora salen de nuestro interior como si estuvieran “programadas” para resurgir ahora que ya eres padre.

No hay padres perfectos, y los nuestros no fueron la excepción, así que todos los errores cometidos, y sobre todo el “mal carácter”, se transfieren casi sin ningún esfuerzo de nuestra parte a la siguiente generación. A veces me doy cuenta de que estoy haciendo algo a mis hijos ¡que detestaba que me o hicieran  a mí! y de pronto, hago un alto y pienso..haber haber haber, ¡yo dije que nunca haría eso!..¿qué me pasa?, ¡mi propia lealtad me sabotea!

Algunos han tenido la suerte de haber tenido padres maravillosos, y no será gran cosa el eliminar algún que otro aspecto negativo de sus padres, y dejarse llevar por todos los demás aspectos positivos para repetirlos con sus hijos. No cabe duda, habrá muchas cosas que sí debas repetir. Todo lo bueno y lo justo. Todo lo que funciona, lo que nos marcó para bien. Tu propia conciencia se encarga de decirte “cuánta razón tenían tus padres” en muchas cosas, y lo entiendes perfecto ahora que tú eres padre.

Lo que no parece tan justo, es el otro lado de la historia. Para aquellos que tuvieron padres abusivos, exigentes, o indiferentes; que los descuidaron, maltrataron, ridiculizaron, o que sufrieron cualquier tipo de abuso en la infancia, resulta todo un reto, si no es que una hazaña, el lograr desterrar las secuelas de su pasado, para poder influir en sus hijos de una forma positiva. Además de esto, para quienes  tuvieron padres con ésta influencia negativa, la probabilidad de que vuelvan a repetir éstos patrones con sus hijos es muy alta.

Hay muchos padres que criaron a sus hijos lastimandolos  con palabras hirientes para controlarlos. Otros con pésimos hábitos y malos ejemplos, o simplemente ignorándolos causaron grandes cicatrices y muy baja auto estima. Pero para ellos hay cura. Para una total restauración es necesaria la intervención de Dios, ya que éstas cosas no nos abandonan solo por darles la espalda. Y es que para sanar, se necesita perdonar a aquellos que nos han dañado.  No el clásico “ya lo perdoné”, sino el verdadero perdón que es capas de dejar todo atrás tanto como para llegar a amar a aquel que lo dañó. Así es, hay que presionar la herida donde más duele, en este caso, en el perdón y la reconciliación. Lo merezca o no la otra persona. ¡No puede haber perdón sin reconciliación!. "Cuando decidimos reconciliarnos con nuestro pasado, lo hacemos conscientes de que ésto impactará para bien nuestro futuro"

Debo ser sincera y es que aquellos que eviten enfrentarse con su pasado y perdonar, no encontrarán nuevas soluciones. No podemos hablar de ser mejores padres si primero no nos reconciliamos con los nuestros. Tenemos que reconocer que ellos también vivieron situaciones que marcaron sus vidas, y fueron víctimas en su momento, de su propio pasado. Pero no tenemos por que continuar el ciclo para siempre.
Debemos cambiar nuestra mentalidad y decidir por nosotros mismos que es aceptable en nuestra familia, y que debe ser  desechado. El perdón es solo el primer paso, después viene el esfuerzo consciente.

Tomemos un rato para pensar en éstas cosas…
Tal vez fué algo que te dijeron y te hirió profundamente. Tal vez te educaron a gritos. te faltaron al respeto, o  te avergonzaban frente a otra gente. Recuerda todos esos momentos amargos, y proponte hacerlo de forma diferente con tus hijos. Podemos enlistar rápidamente aquello que no queremos repetir, y empezar a cambiar una cosa a la vez y cuando ya hallamos dominado seguir con la siguiente.

Toma tiempo y esfuerzo, pero es posible y definitivamente vale la pena. El saber que te has librado de un pasado dañino renueva tu confianza y es increíble saber que puedes reescribir la historia.

Si de pronto tienes dudas de cómo encarar cierta situación que te hace enojar, no sigas tus impulsos, ni te dejes llevar de la misma forma que lo hacían contigo, mejor piensa. ¿cómo me hubiera gustado que trataran ese asunto conmigo? ¿de qué forma me hubiera gustado que me lo dijeran? ¿qué tanto amor, o comprensión necesitaría yo en una situación así? Hacer esto es como meterte en los zapatos de tu hijo, y de ésta forma te resultará más fácil encontrar exactamente la mejor manera de actuar; la que no lastima sino la que instruye.

Pueden pensar que mi caso debió haber sido terrible, pero  la verdad es que ¡tuve una infancia envidiable! Fui hija única criada en la casa de mis abuelos. Si alguien recibía atenciones y cuidados, esa era yo. Mi infancia está llena de buenos recuerdos, y mi madre siempre se encargó de demostrarme que yo era lo mas importante en su vida. Pero aún con todo esto, hay cosas que sé que debo hacer diferentes ¡y tú también!. No solo es para quienes sufrieron abusos en la infancia, ¡es para todos!. Por más buenos padres que hallamos tenido, y sin afán de restarles ninguna virtud, debemos saber que no está mal cuestionar la forma en que nos educaron cuando se trata de buscar mejorar.

¡Debemos intentarlo!.. Aunque también debemos recordar que siempre cometeremos algún error. De otros tal vez ni siquiera nos demos cuenta. Y muchas, pero muchas veces, puede que vuelvas a actuar de la forma en que no quieres. Esto se trata de un día a la vez.
Si hay algo en lo que he batallado, y sigo luchando en mi propia vida y maternidad, es en éste punto. ¡Pero no me resigno! Tengo que seguirlo intentando, hasta cambiar, hasta hacer las cosas de una forma nueva. Debo encontrar mi propio estilo de educar a mis hijos y tú también. Por el bien de nuestros hijos, y de las generaciones venideras.

La mejor motivación es saber cómo pueden afectar, y marcar para siempre, la historia con sus hijos y sus descendientes. Recuerda que lo que hagas hoy ¡afectará más de 4 generaciones!



MAMÁ BUENA O MAMÁ MALA


Es un día tranquilo, o al menos así empezó.  La mañana transcurre bien, entre el desayuno favorito de tu hijo, su canción favorita, un juego juntos, y para terminar abrazos y cosquillas. 
Si pudieras leer la mente de  tu hijo en ese momento, posiblemente este pensando que tiene “la mejor mamá del mundo”. Bueno, al menos por unos momentos puede que sea así, pero toda buena historia tiene sus momentos críticos. De pronto tu hijo te hace una de esas propuestas imposibles e inoportunas: mamá, puedo…? entonces la mejor mamá del mundo dice que no… Y de pronto ¡ya no parece la mejor mamá del mundo!.

Se que hay mamás, que no soportan romper uno de esos mágicos momentos con un “no” y buscan justificaciones para no "estorbarles" a sus niños.
¿Qué va a pensar mi hijo?, ¡que no soy tan buena mamá como parecía hace unos segundos!.. ¿qué tal si se siente rechazado?, ¿herido?, ¿incomprendido?..¿qué tal si crece con uno de esos traumas extraños de hoy en día?.. o peor aún ¿qué tal si duda de mi gran amor hacia él?.

Toda mamá debe ser la buena y la “mala” a la vez; si no, no puede ser buena mamá. Si sólo es buena, sus hijos no la respetan y a la larga la menosprecian. Sin respeto no hay amor. Y si solo es mala, sus hijos no encuentran la comprensión, el perdón y el amor incondicional que necesitan. Pero ¿qué no hay punto medio? Al parecer no se puede ser una mamá medio buena y medio mala; más bien, sí se puede oscilar entre ser buena y “mala” cuando la situación lo amerite. Así nuestros hijos lo entenderán por que estaremos hablando en su idioma; el que dice: “soy tu amiga, si haces lo que yo te digo, pero si no, me convertiré en tu peor estorbo, si se trata de enseñarte algo, o de evitar que te hagas daño a ti mismo”. Uso la palabra “mala” entre comillas, por que en realidad, una mamá que ama y se preocupa por sus hijos, se ve como  la mala del cuento al momento de poner límites. pero ésto en realidad no la convierte en mala, al contrario, es de hecho toda una señal de ser  una buena mamá.

Como madres no podemos vivir solo para ser las buenas. ¡Es cierto que que padre sería! pero habrá muchos momentos en que sin lugar a dudas tendremos que ser las malas del cuento. He visto que en nuestra labor de disciplinar, a veces es más fácil adjudicar las malas conductas del niño a cualquier cosa que nos pase por la cabeza cundo el niño se está portando mal: “es que se ha de sentir mal, es que no ha dormido bien, es que él no quiso hacer eso” etc. Y es cierto que a veces el niño sí tiene hambre o está cansado, pero debemos enseñarle que ni aún con hambre o cansancio tiene por que pagarla con nosotros o con los demás.

Voy a dar algunas causas por los cuales una mamá se niega a ser la mala. Espero que les ayude a identificar realmente el problema.

1. Baja autoestima en el padre/madre, que hace que sienta la necesidad de aceptación de su propio hijo, con el consiguiente temor al rechazo del mismo.
2. Padres que fueron educados para ser obedientes, pero ahora que ellos son padres, no han sabido invertir el  papel, y ellos mismos obedecen a sus hijos.
3.Los padres que creen que su hijo es bueno, y si se porta mal creen que no lo hace mala con intención, y están negando el hecho de que todo niño nace con una marcada tendencia al mal comportamiento deliberado, del cual incluso parece disfrutar.
4. El daño que ha causando la psicología infantil moderna de unas décadas para acá, que asegura que lo mejor es no limitar al niño, ni castigarlo, sino dejarlo decidir por él mismo, cuando este obviamente no tiene la madurez ni la experiencia para hacerlo.
5. El pensar que hablando con ellos los haremos razonar y cambiar su comportamiento, cuando es obvio que hay niños que necesitan mucho más que eso. No estoy insinuando que no hablemos con nuestros hijos (en otro blog hablo de la importancia de la comunicación con ellos) pero hay muchas, muchísimas ocasiones, en que no debemos estarnos justificando delante de ellos para disciplinar. Ellos mismos ya saben que fue lo que hicieron mal. El error entonces es ponernos a darle mil explicaciones al niño sobre lo que hizo, pero esto en realidad no es otra cosa que nuevamente, inseguridad del padre al disciplinar .
Como padre, tú tienes que mostrarte firme y seguro ante tu hijo, si no, el mismo niño no sabe que mensaje le estás mandando. Si tú sabes y él sabe que hizo mal, disciplina. punto. Las explicaciones muchas veces salen sobrando.

Debemos entender que la primera infancia, es el momento y el lugar para las advertencias, pero también para los castigos y reprensiones, y no tolerar el mal comportamiento que después no queramos que forme parte de su personalidad. Entre mayor es la edad menor control tenemos sobre los niños. Entre más pronto se tome el control de la vida de nuestros hijos, mejor lo aceptarán y más fácil será educarlos y hacerlos entender con palabras mientras crecen.

No es cierto que los niños que son educados con una disciplina firme, son personas que crecen infelices como tanto se esmeran en hacernos creer. Por el contrario, conozco varias familias de esas que pocas quedan, bastante sanas, que han criado a sus hijos bajo éstos criterios y cuyos hijos son nada más y nada menos de lo que deseo que lleguen a ser mis propios hijos. Si estás tomando el consejo de dejarlos ser, fíjate de quién viene y si sus hijos les respetan. Ningún niño que es amado pero que se le castiga o reprime, crece traumado o dudando del amor de sus padres; al contrario, son generalmente los que menos tienden a rebelarse en la adolescencia, o después de ella. Son aquellos que llegan a respetar los diferentes tipos de autoridad, y cuyo carácter está mejor afianzado. Generalmente son niños más maduros, y menos testarudos. Son aquellos que crecen sabiendo lo importantes que eran para sus padres, y que llegan también a ser buenos padres.

Nadie puede criar a sus hijos en la tierra, haciéndolos vivir como si estuvieran en el cielo.
La vida está llena de descontentos y nuestros hijos deben entender ésto cuanto antes y lo mejor posible.
No debemos cargar con culpas cuando hemos castigado o reprendido a nuestros hijos, si lo hemos hecho conscientes de que era lo mejor para ellos. No debemos creer que somos “malas mamás” cuando estorbamos a nuestros hijos en hacer aquello que no deben, al contrario, debemos retomar la confianza como padres que tuvieron nuestros abuelos (o bisabuelos) y que se perdió en alguna generación, transformándose en miles de temores e inseguridades frente a nuestros hijos. Debemos otra vez voltear los papeles y tomar las riendas de nuestro hogar completamente. Debemos sabernos madres y padres responsables, amorosos y dispuestos a hacer lo que sea antes de permitir que nuestros hijos se pierdan en su propio egoísmo, ya que ésto está sucediendo con niños cada vez más pequeños.

Vemos niños testarudos de un año, que logran movilizar a la mamá, a la tía y a la abuela en sus caprichos. He visto niños de cinco años pegándole a su mamá en la cara por que no le quiere comprar algo en el super. ¿Cuál es mi consejo para ellas?, uno muy simple: ¡no se dejen de sus hijos! No es posible que niños de uno, dos, tres o cinco años los dominen. El día que ustedes como mamás lo permitan, pensando que no pasa nada, o que tarde o temprano el niño se va a “componer solo” recuerden que 10 años más tarde se pasa la factura.

Ya basta de mamás débiles, asustadas e  inmóviles ante sus hijos desobedientes. Debemos saber que Dios nos dio el privilegio de ser madres, y también el privilegio de formarlos y la responsabilidad de elegir lo que creamos mejor para ellos.

Otro consejo sobre este tema es que no se dejen amedrentar por otras personas. No dejen que nadie se interponga entre ustedes y sus hijos a la hora de disciplinarlos (ahí va incluido, el tío, la vecina, el abuelito, etc..) recuerden que para los que no viven con nuestros hijos, y los ven de vez en cuando, es muy fácil hacernos sentir culpables a la hora de disciplinarlos, pero recordemos en esos momentos, que no son a ellos a quienes se les encomendó la vida y educación de esos niños, y así como somos nosotros quienes nos encargamos de que no les falte nada y somos nosotros quienes nos hemos desvelado mil noches para cuidarlos cuando están enfermos, también somos nosotros y nadie más quienes sabemos lo que es mejor para ellos. He visto que hay mucha gente que trata de manipular a los papás haciéndolos sentir mal, pero esas personas no van al lidiar con ellos cuando se pongan de berrinche en la calle, o cuando lastimen a otra persona. 

Recuerda, nadie los conoce tan bien como tú. Nadie conoce tan bien sus intenciones, así que sólo tú sabes cuándo es hora de disciplinar (y cuál es el método que usarás)
Mamá, ¡retoma la confianza!,  la que nunca tuviste, la que has perdido o que te han ido quitando. Lo más difícil es comenzar, y después mantenerte firme, pero si lo logras verás los resultados antes de lo que piensas.