martes, 25 de septiembre de 2012

MAMÁ, ¡TÚ ESCRIBES LA HISTORIA!


¿Has pensado alguna vez, que lo que hagas hoy con tus hijos, va a trascender por generaciones?

 La forma en que te educaron a ti, tiene mucho que ver con la forma en que educaron a tus padres; y la forma en que los criaron a ellos, tiene mucho que ver con la educación que recibieron de tus bisabuelos.
¡El poder está en ti! lo quieras o no; lo creas o no.

Las creencias, costumbres, hábitos, reacciones, la forma de pensar y de actuar son transmitidas hasta la tercera y cuarta generación; así que habrá mucho de ti en tus hijos, nietos, bisnietos y tataranietos.
¡Wow! ¿no es sorprendente? ¡No vas a morir sin dejar huella, la vas a dejar!.

Pero la verdad ¿quiénes  no recordamos momentos en donde nos juramos a nosotros mismos JAMÁS repetir cierta cosa de nuestros padres, en nuestros hijos?.. y ¿cuántos mantuvieron su promesa intacta?
Y es que hay mucho, (muchísimo más de lo que creemos) de nuestros padres en nosotros. Y las cosas que juramos no repetir ahora salen de nuestro interior como si estuvieran “programadas” para resurgir ahora que ya eres padre.

No hay padres perfectos, y los nuestros no fueron la excepción, así que todos los errores cometidos, y sobre todo el “mal carácter”, se transfieren casi sin ningún esfuerzo de nuestra parte a la siguiente generación. A veces me doy cuenta de que estoy haciendo algo a mis hijos ¡que detestaba que me o hicieran  a mí! y de pronto, hago un alto y pienso..haber haber haber, ¡yo dije que nunca haría eso!..¿qué me pasa?, ¡mi propia lealtad me sabotea!

Algunos han tenido la suerte de haber tenido padres maravillosos, y no será gran cosa el eliminar algún que otro aspecto negativo de sus padres, y dejarse llevar por todos los demás aspectos positivos para repetirlos con sus hijos. No cabe duda, habrá muchas cosas que sí debas repetir. Todo lo bueno y lo justo. Todo lo que funciona, lo que nos marcó para bien. Tu propia conciencia se encarga de decirte “cuánta razón tenían tus padres” en muchas cosas, y lo entiendes perfecto ahora que tú eres padre.

Lo que no parece tan justo, es el otro lado de la historia. Para aquellos que tuvieron padres abusivos, exigentes, o indiferentes; que los descuidaron, maltrataron, ridiculizaron, o que sufrieron cualquier tipo de abuso en la infancia, resulta todo un reto, si no es que una hazaña, el lograr desterrar las secuelas de su pasado, para poder influir en sus hijos de una forma positiva. Además de esto, para quienes  tuvieron padres con ésta influencia negativa, la probabilidad de que vuelvan a repetir éstos patrones con sus hijos es muy alta.

Hay muchos padres que criaron a sus hijos lastimandolos  con palabras hirientes para controlarlos. Otros con pésimos hábitos y malos ejemplos, o simplemente ignorándolos causaron grandes cicatrices y muy baja auto estima. Pero para ellos hay cura. Para una total restauración es necesaria la intervención de Dios, ya que éstas cosas no nos abandonan solo por darles la espalda. Y es que para sanar, se necesita perdonar a aquellos que nos han dañado.  No el clásico “ya lo perdoné”, sino el verdadero perdón que es capas de dejar todo atrás tanto como para llegar a amar a aquel que lo dañó. Así es, hay que presionar la herida donde más duele, en este caso, en el perdón y la reconciliación. Lo merezca o no la otra persona. ¡No puede haber perdón sin reconciliación!. "Cuando decidimos reconciliarnos con nuestro pasado, lo hacemos conscientes de que ésto impactará para bien nuestro futuro"

Debo ser sincera y es que aquellos que eviten enfrentarse con su pasado y perdonar, no encontrarán nuevas soluciones. No podemos hablar de ser mejores padres si primero no nos reconciliamos con los nuestros. Tenemos que reconocer que ellos también vivieron situaciones que marcaron sus vidas, y fueron víctimas en su momento, de su propio pasado. Pero no tenemos por que continuar el ciclo para siempre.
Debemos cambiar nuestra mentalidad y decidir por nosotros mismos que es aceptable en nuestra familia, y que debe ser  desechado. El perdón es solo el primer paso, después viene el esfuerzo consciente.

Tomemos un rato para pensar en éstas cosas…
Tal vez fué algo que te dijeron y te hirió profundamente. Tal vez te educaron a gritos. te faltaron al respeto, o  te avergonzaban frente a otra gente. Recuerda todos esos momentos amargos, y proponte hacerlo de forma diferente con tus hijos. Podemos enlistar rápidamente aquello que no queremos repetir, y empezar a cambiar una cosa a la vez y cuando ya hallamos dominado seguir con la siguiente.

Toma tiempo y esfuerzo, pero es posible y definitivamente vale la pena. El saber que te has librado de un pasado dañino renueva tu confianza y es increíble saber que puedes reescribir la historia.

Si de pronto tienes dudas de cómo encarar cierta situación que te hace enojar, no sigas tus impulsos, ni te dejes llevar de la misma forma que lo hacían contigo, mejor piensa. ¿cómo me hubiera gustado que trataran ese asunto conmigo? ¿de qué forma me hubiera gustado que me lo dijeran? ¿qué tanto amor, o comprensión necesitaría yo en una situación así? Hacer esto es como meterte en los zapatos de tu hijo, y de ésta forma te resultará más fácil encontrar exactamente la mejor manera de actuar; la que no lastima sino la que instruye.

Pueden pensar que mi caso debió haber sido terrible, pero  la verdad es que ¡tuve una infancia envidiable! Fui hija única criada en la casa de mis abuelos. Si alguien recibía atenciones y cuidados, esa era yo. Mi infancia está llena de buenos recuerdos, y mi madre siempre se encargó de demostrarme que yo era lo mas importante en su vida. Pero aún con todo esto, hay cosas que sé que debo hacer diferentes ¡y tú también!. No solo es para quienes sufrieron abusos en la infancia, ¡es para todos!. Por más buenos padres que hallamos tenido, y sin afán de restarles ninguna virtud, debemos saber que no está mal cuestionar la forma en que nos educaron cuando se trata de buscar mejorar.

¡Debemos intentarlo!.. Aunque también debemos recordar que siempre cometeremos algún error. De otros tal vez ni siquiera nos demos cuenta. Y muchas, pero muchas veces, puede que vuelvas a actuar de la forma en que no quieres. Esto se trata de un día a la vez.
Si hay algo en lo que he batallado, y sigo luchando en mi propia vida y maternidad, es en éste punto. ¡Pero no me resigno! Tengo que seguirlo intentando, hasta cambiar, hasta hacer las cosas de una forma nueva. Debo encontrar mi propio estilo de educar a mis hijos y tú también. Por el bien de nuestros hijos, y de las generaciones venideras.

La mejor motivación es saber cómo pueden afectar, y marcar para siempre, la historia con sus hijos y sus descendientes. Recuerda que lo que hagas hoy ¡afectará más de 4 generaciones!



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