martes, 25 de septiembre de 2012

MATERNIDAD ¿dulce o triste realidad?



¡Me asombra escuchar tantos comentarios sobre lo estresante, agobiante, y terrible que es la maternidad!. Y no es que no llegue a serlo, pero una cosa es que suceda, que de vez en cuando te estreses o te sientas agobiada, y otra que vivas en ese estado.

Cuando no deseaste la maternidad (o sea cuando llegó de sorpresa, sobre todo si no estabas casada o planeando tener un bebe) es como si te despertaran de un buen sueño con un baldazo de agua fría. Es salir de tu mundo, dejar tus planes, y modificar TODO en tu vida. Es hacerte a un lado a ti misma, para posiblemente jamás, poner de nuevo tus deseos o necesidades en primer lugar. Es duro.

Si es difícil enfrentar la maternidad cuando la has planeado y deseado por algún tiempo, el hecho de que llegue de sorpresa, en una situación incómoda. Atenúa mucho más cualquier “molestia” que conlleva éste asunto. Así que cuando nace el bebé, hay muchos motivos para sentirte agobiada.

La maternidad no es, ni nunca debe ser vista como una carga molesta de la que no te puedes deshacer. No debes luchar contra ella, si ya está ahí, solo debes dejar que suceda; y tienes dos formas de tomártela: una; o te la tomas “personal”, o te la tomas “real”. Osea, cuando te la tomas “personal”, sientes desesperación de no poder zafarte de ella, y en cierta forma culpas a tu hijo por todo lo que te está pasando,  por que te enoja el hecho de ya no poder seguir con tu vida “normal” desde que él llegó.
En cambio si te la tomas “real”, te das cuenta de que ya no puedes cambiar el pasado ni “prevenir” el embarazo que ya sucedió, sino que ahora debes dedicarte en cuerpo y alma a esa criatura que no tiene ninguna culpa de haber llegado o no en el momento perfecto, y te das cuenta que en tus manos tienes la vida de otro ser humano, que por cierto se te ha encomendado a ti y vas a tener que responder por ella.

Yo sé lo que es llegar al final de un largo día con mis hijos en casa, y llevarlos a dormir, deseando poder sentarme 15 minutos frente a la t.v. con un gran plato de una de las deliciosas cenas que hace mi marido, y sin embrgo no ver llegar ese momento, a veces por días. No se imagina uno que algo tan simple como eso puede llegar a ser tan grandemente valorado, hasta que tienes tres hijos y dos de ellos se llevan 12 meses exactos. Yo se lo que es querer disfrutar un momento a solas con mi esposo, para después darnos cuenta que nos quedamos dormidos por horas en la sala, esperando a que se durmiera alguno de nuestros hijos, y ver nuestras esperanzas esfumarse a causa del sueño y el cansancio. O la frustración de tener que postergar alguna salida que habíamos planeado por días, a causa de que repentinamente se ha enfermado alguno de nuestros hijos.

Si creen que después de todo ésto me arrepiento de haber tenido tres hijos, o que tal vez en el fondo de mi corazón desearía haber tenido solo uno o dos, se equivocan. Mi esposo y yo siempre acordamos en querer tener tres o 4 hijos y nunca ha habido arrepentimientos.
No cambio por nada esos preciosos momentos, como cuando los vi nacer. O los momentos en que hacen su oración a la hora de dormir. El escuchar la linda vocecita de mi hijo de casi dos años, diciendo sus miles de animales y sus sonidos, o verlo montado en su caballito de palo corriendo  por la casa, haciendo “hiiiija”. O los bracitos de mi hija de tres apretándome con sus ojitos cerrados y su enorme sonrisa, o verla jugar con sus muñequitos recreando alguno de nuestros momentos del día. Y ¿quién como mi hija la mayor, quien me enseño a ser mamá, y a conocer el maravilloso mundo del "orgullo paternal".

En fin, los momentos de los que está lleno mi día, no los cambio por nada. No creo que valiera más mi vida si fuera una mujer de negocios exitosa. Tampoco creo que pudiera sentirme más realizada de lo que hoy me siento. No puedo valorar menos mi labor que la de cualquier médico o profesionista. Mi labor es igual o más importante que cualquier otra, por que estoy formando a las personas del mañana, y lo estoy haciendo las 24 horas del día. No hay vacaciones ni salidas a comer, ni puedo atender a “mis clientes” más tarde, o por cita. Mis “clientes” viven en mi casa, y se “alimentan” momento a momento de lo que yo les dé. De mi tiempo, de mi forma de ser, del ambiente que yo propicie, de mis errores y aciertos, en fin, de lo que yo soy.

No se trata de vivir una farsa, se trata de cambiar nuestra forma de pensar para poder enfrentarnos a la maternidad sacando lo mejor de nosotros mismos, y tomándola como una oportunidad para mejorar esas áreas de nuestra vida que de ninguna otra forma podrían superarse de no ser por nuestros hijos.
¿Necesito ser más específica?, bueno; ser madre te enseña a superar tus límites. Tu amor incondicional crece con cosas tan simples como cuando tienes una torre de trastes sucios, pero lo dejas por unos momentos para leerle un cuento a tu  pequeño. Sabes que eres más desinteresado(a) cuando dejas un buen programa de t.v para jugar a las damas con tu hijo. Si crees que tu paciencia es poca, tu hijo de 2 años te enseñará a ponerla en práctica muy seguido. ¿Quieres ser más tolerante?, deja que tu hijo saque los trastes de plástico de la cocina y los tire por toda la casa!; no te estreses, sólo disfruta verlo jugar. ¿Quieres volverte una persona menos egoísta?, deja tu plato de comida enfriarse si tu hijo te pide que en ese momento le hagas burbujas.

Claro, no sugiero que le fomentes el hábito, pero a veces tienes que dejar que cosas así pasen, por que es la mejor forma en que puedes demostrarle que él vale más que cualquier cosa para ti.
La tolerancia , la paciencia, el auto-control, y aún tu forma de manejar el stress pueden mejorar si te lo tomas todo menos a pecho. No me refiero a la mala conducta deliberada, esa debe tomarse con firmeza, pero los accidentes infantiles, y el caos de la vida familiar ¡no nos dañan! nos forman mejores personas si aprendemos de ellas.

Dos bebés llorando en un automóvil pequeño, a las 4:00 de la tarde a 48 grados (clima de Hermosillo Sonora) pueden ser excelentes para hacer crecer tu paciencia e incluso tu sentido del humor, si sabes verle el lado gracioso a la situación. ¡A nosotros nos pasó muchas veces!, y créeme que es mejor reír que llorar. De pronto nos sentíamos en un “reality show” con dos bebés llorando en el auto todo el camino. Podía imaginar la expresión de la gente que estaría viendo nuestro "show". o bien podía bajar la ventanilla y asomarme al auto de enseguida para ver sus caras de asombro. ¿qué nunca habían visto dos bebés llorando al mismo tiempo? ¡bueno ahí los tienen!

¿Valoras demasiado las cosas materiales? espera a que tu hijo de tres años haga una obra de arte en el nuevo sofá, o raye tus lentes, o muerda y rompa tu collar favorito. De cosas como esas está llena la vida de un padre. Pero en vez de quejarte y soñar con el día en que crezcan y salgan de tu vida, aprecia todo lo que te enseñan, y valora aún los momentos de caos, sin tomarlos tan a pecho. ¡Esos momentos todos los vivimos!, y si no aprendemos a controlar nuestra manera de reaccionar a todo ésto, no lo haremos de ninguna otra forma.

Aprender a ver el lado divertido de las situaciones ¡no es una tontería!, ahí está escondido el arte de disfrutar la maternidad, o detestarla. Si lo hacemos, descubriremos una gran verdad: que el disfrutar a tus hijos tiene más que ver contigo y cómo te lo tomes que con tus hijos o la situación que estés viviendo.

No necesitas que tus hijos crezcan y se vallan para disfrutar de nuevo la vida, como antes la conocías (osea, sin molestias), ¡puedes disfrutarla ahora, más que nunca al lado de tus pequeños! (y en el mejor de los casos, al lado de tu pareja.)

En vez de resentirte con ellos por robarte tu vida, puedes aprender de las pequeñas lecciones que ellos nos dan día tras día, y tomar la lección como una prueba a tu carácter. Dudo que exista un mejor método para moldear el carácter, que el hecho de vivir con niños pequeños. Así que dejemos de quejarnos, y aprendamos de nuestros niños. Disfrutarlos es un arte que se aprende al superar la fobia que nos provocan las situaciones incómodas que ellos nos provocan, para invertir nuestras energías en valorar cada momento en familia, viendo el lado positivo de la situación.

Piénsalo, ¿qué padre no habrá pasado ya por lo mismo que te está pasando a ti?, la diferencia la hace tu respuesta ante esa situación. Enfócate en eso, toma lo bueno y deja lo malo a un lado y veras cómo puedes cambiar completamente el ambiente de tu casa, solo con cambiar tu actitud.

Algunos pensarán: ¿alguien me puede decir qué tiene de bueno quedarse en casa con tres niños molestos por que se canceló una salida a causa del clima de 3 grados en un frío día de invierno? …pero bien podríamos decir ¿qué puede ser mejor que meterse bajo tres kilos de cobijas, al lado de tu familia, al calor de una taza de chocolate caliente y tal vez una buena película en vez de tener que salir a congelarse las narices allá afuera en un día como ese?

Recuerda que una respuesta positiva, o negativa se contagia a todos los miembros de la familia. Así que el ambiente familiar está en tus manos, eres tú quien lo va a propiciar. Esto debe ser una buena noticia!, que si cambias tu actitud vas a influir también en los demás. Ponlo en práctica y sácale provecho.

6 comentarios:

  1. Entiendo que te sientas feliz por tu maternidad, la cual elegiste y para la cual estabas preparada. Pero en mi entorno veo muchas mujeres agobiadas y azaradas con ella, no las veo felices. Esto me hace pensar que la maternidad debe ser una elección y no para todas por otro lado la mujer debe recibir más apoyo social.

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    1. Preparada para ser mamá, creo que nunca se está por completo. Todas llegamos igual de inexpertas y con miles de dudas, temores y etc.. Precisamente por eso escribí este artículo, por que veo mujeres agobiadas como tu mencionas, y no felices, pero el asunto es que cada quien se lo toma como quiere al final.

      Tener un hijo es siempre causa de muchísima alegría, es un motor impresionante para la vida de la mujer que la impulsa a superarse a sí misma y a darlo todo por su hijo sin importar su situación.
      Por lo que comentas me parece que aún no eres mamá, y no comprendo bien a qué te refieres con que la maternidad debe ser una elección. Entonces cuando llega de sorpresa ¿simplemente aventamos el paquete?? Te puedo decir que yo misma no quería ser mamá tan pronto como lo fui, ya que tenía solo 2 meses de casada cuando sucedió el embarazo de mi primer hija, y yo solo tenía 20 años. Después cuando nació la segunda ya fue un cambio a mi vida, el pasar de tener uno a dos hijos, y mi bebé apenas tenía 3 meses cuando nos sorprendió el embarazo de mi tercer hijo.
      La gran e inmensa mayoría de las veces los hijos llegan sin ser planeados o llegan en un momento inesperado y no por eso nos vamos a martirizar pensando ¿por qué a mí y por qué ahora? al contrario, como ya mencioné, hay que abrazar la maternidad y no luchas contra ella.

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  2. en esta ardua labor, sobre todo para compaginar trabajo y responsabilidades familiares. Veo también que muchas mujeres suelen sentir culpa por no vivir la maternidad con toda la felicidad que la sociedad espera que una madre manifieste. Pensamos que es lógico que la madre siempre diga lo feliz que es pero nunca esperamos que la madre se queje o mencione las dificultades y frustraciones que esta importante función le puede generar. Es injusto porque buena parte de estas dificultades están la forma machista en que la sociedad entiende la maternidad.

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    1. Como ya dije, una cosa es sentirse agobiada de vez en cuando y otra es vivir de esa forma. Debemos ser conscientes de la gran influencia que ejercemos en todos los miembros de nuestra familia y usar esa influencia para bien, no para amargarle la vida a todo mundo.

      Sobre lo que comentas de "la forma machista en que la sociedad entiende la maternidad" creo que ese es otro tema. Independientemente de eso, nosotras como mujeres tenemos el poder de elegir cómo la vamos a llevar y si a fin de cuentas la vamos a llevar con molestia o con gusto, aprendiendo de ella y siendo conscientes de que todo en esta vida (sobre todo la maternidad) es un aprendizaje y un crecimiento.

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  3. Me encanto tu forma de pensar, yo deje de trabajar hace un ano para hacerme cargo de mi familia a tiempo completo y no lo cambio por nada. Y si hay dias que termino mucho mas cansada que cuando trabajaba, y aun asi no lo cambio. Felicidades.

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  4. Aademas, es nuestra naturaleza, lo llevamos dentro, yo conozco muchas mujeres q darian cualquier cosa x un hijo.
    No venimis a este mundo a pasarla bien, a estar dandole gusto al gusto. Dijo nuestro senor Jesus, "El q quiera seguirme, q reniegue de si mismo, q tome su cruz d cada dia y q me siga..." y renegar de si mismo, es precisamente a lobq te refieres Diana, al dejar enfriar tu plato, y muchas cosas mas.
    Pero no olvidemos q es mejor dar q recibir, es cierto. Y tampoco olvidemos la promesa de Jesus "El q deje casa, padre, madre, ganado x mi, recibira 100 x 1 en esta vida, y la vida eterna..." y yo creo q eso incluye, " la q deje plato de comida..."

    Carmen.

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