martes, 25 de septiembre de 2012

MI POBRE ANGELITO


Soy madre, amo a mis hijos.  Los defiendo a capa y espada  y para mí no hay otros más lindos, tiernos y maravillosos; y  me imagino que piensas exactamente lo mismo de los tuyos. Sí, todas somos “mamás cuervo”

En esta ocasión veremos la verdad que se oculta tras ese par de hermosos ojitos indefensos. Una verdad que no a todas las mamás les gusta encarar y que muchas prefieren ignorar.
La verdad es que nuestros hijos, de angelitos tienen muy poco, ¡casi nada!(sí, los tuyos igual)
Aún no he conocido ningún angelito, y dudo que lo halla en verdad.

¡Nadie es perfecto! No hay papás perfectos, ni hijos perfectos. Sería maravilloso ver el caso de algunos padres perfectos, educando a su retoño, para ver qué clase de persona saldría de ahí ¿verdad?.. Bueno, creo que nos quedaremos por siempre con la duda, por que no creo que haya habido nunca, algunos padres que no cometieran algún error con sus hijos.

Pero aún así, sigo creyendo, que si tales padres existieran (que de por si creo que tendrían que ser extraterrestres), de todas formas no creo que por ser perfectos, y educar a su hijo de manera perfecta ¡resultara que el hijo fuera perfecto!… ¡NO! la verdad es que esos dos padres extraterrestres perfectos, verían crecer a un niño lleno de desaciertos, y malos comportamientos (¡pobres padres extraterrestres! ¿quién les mandó adoptar un terrícola?)

¡Es verdad!, no tenemos ningunos pobres angelitos. En cambio tenemos a los que se tiran al piso y patean, jalan el pelo, toman agua del excusado (mi hijo ya lo probó..¿y el tuyo?) le pican los ojos al hermano, comen alguna cosa extraña que sacaron de abajo del sillón, pero no quieren comer su sopa. Nunca quieren juntar su cuarto; siempre quieren más tele y más postre…y así sigue la lista..

Ahora imagina que dejas a tu niño hacer lo que él quiera, por un día…¡¡¡lo que sea!!!..ahora imagínalo por dos días..y por tres..un mes…años…¿¿qué clase de niño tendrías??… ¡sería peligroso!

Algunas mamás se rehúsan a aplicar disciplina. Prefieren catalogar el mal comportamiento como “niñerías”. y guardan con celo el famoso dicho de: “a los niños hay que dejarlos ser niños”, con el que estoy muy de acuerdo en muchas ocasiones, pero definitivamente no debe aplicarse por siempre en todo.

Si queremos tratar al niño siempre como niño, ¿cómo va a aprender a comportarse como adulto algún día? Después vemos gente adulta inmadura, que siente que lo merece todo y que todavía hacen berrinche…  ¿han visto alguno?.. O si esperas a que cumpla siete o diez años para empezar a corregirlo alegando que a esa edad ya entiende lo que está mal, ¿qué clase de niño habrás creado para ese entonces?… lo más seguro es que un exigente, egoísta y berrinchudo.

Debemos enseñar a nuestros hijos que el mundo NO gira en torno a ellos. ¿Por qué hay tanto miedo de poner en marcha la disciplina? por que aveces, nos creemos el cuento de que, si me la paso corrigiéndolo, se va a hartar, y ya no me va a querer, o va a pensar que yo no lo quiero. ¡Que mentira tan grande!

Aqui les dejo unos puntos para meditar:

1. Todos los niños NECESITAN reglas y límites por que les dan seguridad. ¿cómo es posible? simplemente imagina salir a pasear y de pronto darte cuenta que quitaron todos los semáforos, altos y límites de velocidad de la ciudad ¿cómo te sentirías? En cambio sales de tu casa confiado en que todos van a respetar el alto o el semáforo en rojo, y ésto te da seguridad. Las reglas hacen que todo y todos embonemos, y trabajemos juntos por el bien común. Sirven para ayudarnos. Sin reglas ¡hay caos!.

Nuestra casa es el pequeño mundo donde nuestros hijos deben aprender a obedecer reglas y respetar a sus padres, a sus  hermanos, abuelos, maestros, etc. Un niño sin reglas bien marcadas, se siente inseguro. No sabe cuánto puede hacer, o hasta dónde puede llegar. Los límites deben estar bien marcados para que no creen confusión; para que ellos sepan lo que esperamos exactamente de ellos. Debemos sentarnos a definir cuáles serán las reglas de nuestra casa y no permitir que sean fácilmente quebrantadas. Debemos ser conscientes, de la edad de nuestros hijos al escogerlas, e irlas modificando conforme pasa el tiempo y nuestro hijo va creciendo, y tomando más conciencia y responsabilidad.

2. No debemos ser condescendientes con ellos. No debemos permitir el chantaje departe de nuestros hijos.
Al principio, es difícil permanecer firme cuando nos piden algo que ya dijimos que no íbamos a darles, o si ya les dimos una orden, no podemos esperara que la cumplan “mas al ratito”, por que todo lo que hagamos aquí va a crear un hábito. Todo en la infancia se rige por hábitos, y los malos surgen solitos, de manera muy natural. Los buenos en cambio se deben formar.

La buena noticia, es que, si logramos permanecer firmes, y no cedemos a sus chantajes, ésto también creará un habito: el de la obediencia.¡y hay algo mejor!, será obediencia acompañada de respeto, por que el niño siempre va a respetar a aquel que se haga respetar.

El respeto, y la obediencia, no surgen de la noche a la mañana. No surgen desgraciadamente, de un corazón amoroso para con ellos, ni de largos sermones. Tampoco surge de el fondo del corazón del niño, por que por desgracia, su naturaleza humana le hace actuar de forma irracional, irrespetuosa y egoísta. A muchos les encanta manipular y hacer que el mundo se desviva por sus caprichos. Otros recurren al chantaje para hacer sentir culpables a sus padres al tratar de disciplinarios. Nada de ésto debe “ablandarnos” cuando se trata de enseñar obediencia y respeto.

Si tenemos en mente lo que queremos lograr con ellos, si nos fijamos metas alcanzables por ellos, y para su bien; si no nos dejamos manipular, si los disciplinamos con firmeza y amor, y sobre todo, si somos constantes y no nos damos por vencidos, entonces veremos una luz de obediencia encenderse en sus corazones. Entonces surgirá el respeto a la autoridad y curiosamente, también el amor. Por que amor y respeto van unidos. El niño ama, no a aquel que le da todo lo que quiere, ama a aquel que le obliga a sacar lo mejor de sí mismo, por que es él quien le va a evitar hacerse daño y el niño, aún a tierna edad, ya lo puede “oler”.

El niño no se “trauma” con la disciplina (aunque él nos trata de vender esa idea) él mismo sabe que la necesita. Un niño no tiene la madurez para decidir lo que es mejor para él, eso se lo tienes que enseñar tú. Si le das a él la autoridad imagínate lo que hará con ella. Es como si lo dejaras conducir un auto.  Eres tú el que sabe hacerlo y  poco a poco, mientras crece y te ve conducirlo, aprenderá de ti;  para que algún día puedas darle las llaves de su propio auto. Sé un buen conductor para que él también lo sea.

Por último. la obediencia no surge “derrepente”. Requiere mucho trabajo consciente de tu parte.
Aún con todo ésto no debemos olvidar que “no todos los buenos padres tienen buenos hijos, ni todos los hijos buenos lo son necesariamente por que tuvieron bueno padres” Ésta es, claro, la excepción y no la regla, por que la disciplina y la eficacia de los padres, se nota tarde o temprano. Pero no por eso debemos generalizar ni criticar.  Es fácil pensar mal de algunos padres con cierto tipo de niños y pensar que no se les disciplina lo suficiente. La verdad es que ¡nunca lo sabremos! Nosotros no vivimos en su casa, ni tenemos a sus hijos. Entendamos que hay niños fáciles que complacen a otros de forma natural (aún sin tener padres eficaces)  y niños difíciles quienes tienen voluntad de hierro.y a cuyos padres les cuesta muchísimo más el lograr someter su voluntad y moldear su carácter (otro tema de blog), y claro también hay todo tipo de variaciones en medio de esas dos. No comparemos a nuestros hijos, ni nos comparemos como padres. Hagamos nuestro mayor y mejor esfuerzo, y sintámonos satisfechos de saber que hemos dado lo mejor de nosotros mismos y seamos padres excelentes aunque no seamos perfectos. ;)

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