sábado, 13 de julio de 2013

LA AUTORIDAD Y LA OBEDIENCIA EN LOS NIÑOS.

Me he dispuesto a escribir de nuevo en esta ocasión para hablar de aquellos valores que se están perdiendo, valores que las nuevas tendencias de "disciplina" infantil están suprimiendo y siendo más específica, de la obediencia.

Hoy en día ya no es algo bueno decir que tu hijo es obediente. La obediencia ahora es una actitud poco inteligente y retrógrada y muchos padres se niegan a inculcarla en sus hijos.

¿Por que ya no se aplaude la obediencia?
Simplemente por que esta pasada de moda. Los que sustentan estas filosofías dicen que es por que obediencia significa sumisión y por lo tanto, el que obedece lo hace mecánicamente, por miedo y no por propia conciencia. Por eso se dice que ahora debemos enseñar a nuestros hijos todo lo contrario a la obediencia, ¡Sí! debemos enseñar a nuestros hijos a desobedecer y rebelarse cuando algo no les parezca. El objetivo es lograr que nuestros hijo lleguen a ser personas con pensamiento libre, autónomo y consciente. Las razones para este cambio se han dado por que la gente de hoy levanta la voz cuando algo no le parece, y se rebela cuando cree que alguno de sus derechos y libertades se están violando ¡y esto esta bien!, pero una cosa es levantar la voz pidiendo justicia ante algún hecho injusto que este sucediendo y otra muy diferente es rebelarse ante todo lo que parezca una autoridad, solo por el hecho de serlo.

LA VERDAD SOBRE LA AUTORIDAD

Vamos a ver por puntos cómo es en realidad la autoridad y sus implicaciones en la obediencia.

1. Primero que nada, reconozcamos que hay una realidad innegable en la autoridad y es que hay autoridades buenas y autoridades malas. Por supuesto, nadie queremos obedecer a una autoridad mala, egoísta y que pasa por encima de otros lastimando o hiriendo para alcanzar sus objetivos. No, ni el niño mas obediente del mundo quería obedecer a una autoridad como esa y dicho sea de paso, no necesitamos a enseñarle desobediencia en ese caso por que su naturaleza lo llevaría a rebelarse con justa causa; pero ¡no olvidemos que la moneda tiene dos caras!, la autoridad también puede ser buena, y cuando es así, no hay nada mejor que obedecerla. Entonces no es que no debemos obedecer la autoridad, sino que debemos fijarnos a qué autoridad obedecemos. La gente hoy en día no quiere ser gobernada, y busca gobernarse a sí misma, con terribles consecuencias, y eso me lleva al segundo punto.

2. La realidad numero dos es que mientras sigamos respirando sobre este mundo estaremos siempre obedeciendo a una autoridad, queramos o no reconocer a ésta como tal. Puede que sea una autoridad establecida o no, de todas formas ¡siempre estamos obedeciendo!. Podemos decir que somos seres muy libres, y al mismo tiempo ser esclavos de nosotros mismos. A veces nuestra peor autoridad somos nosotros mismos y es eso lo que debemos hacer ver a nuestros hijos. Entonces, como humanos somo seres que admiramos y adoramos aquello que deseamos llegar a ser, y tendemos a buscar que alguien nos guíe en nuestro camino. Cuando una persona se rebela contra toda autoridad queda al margen de su propia naturaleza y de sus propios errores. Necesitamos guía, pero una que sea buena. La autoridad debe ejercerse y trae magníficos resultados en sus seguidores cuando es ejercida por la persona correcta. Esta persona siempre será la mas madura, con mayor consciencia y lucidez, tal persona es la que debe estar a cargo, en este caso, somos los padres.

3. La desobediencia acarrea consecuencias irremisibles. Nuestros niños no deben nunca gobernarse a sí mismos, por que se harán daño inevitablemente. Pero ¡ésta no es la peor parte de desobedecer! Si nosotros como padres no enseñamos la obediencia a nuestros hijos, ellos no la aprenderán después, y es cierto que podrán no someterse a los malos líderes, pero tristemente tampoco sabrán someterse a los buenos, cosa que podría salvarles la vida mas allá de lo que podamos imaginar ahora.

4. Inculquemos obediencia y seamos una autoridad digna de ser seguida. Nuestros niños necesitan seguir buenos ejemplos, por lo tanto, nosotros como sus padres tenemos la enorme responsabilidad de ser de ejemplo, de inspiración y de vivir vidas coherentes a lo que predicamos. Si hacemos esto, no será difícil para nuestros hijos el querer ser guiados por sus padres.

5. Las consecuencias jamás deben ser eliminadas. Siempre habrá momentos en que nuestro hijo saque a relucir su naturaleza inmadura y egoísta y es ahí donde necesitamos ser mas que solo un ejemplo para ellos, necesitamos su obediencia, necesitamos seguir siendo guía y activar las consecuencias si nuestro hijo se rebela. Un niño inteligente (por cierto, todos lo son) va a comprender tarde o temprano que sus padres tenían razón, si éstos fueron coherentes en su manera de actuar y de vivir. No estoy hablando de ser padres perfectos, sino padres coherentes, que sepan mostrarles el camino a sus hijos. No debemos ser padres espectadores, que solo observan pero no intervienen. Habrá veces en las que esa rebeldía en nuestros hijos deberá ser cambiada en obediencia, y eso solo se logra a través del castigo. Esta es la verdadera disciplina.

Conclusión: ¿qué necesita una familia para funcionar correctamente?
Necesita que existan líderes capaces de llevar a los demás a un destino seguro, y el amor es como la brújula de la familia, siempre que exista amor sabremos que llevamos el rumbo correcto. Hay un balance que todos hemos de encontrar entre el amor y la disciplina: hay amor, debe haber disciplina, y hay disciplina por que hay amor. Es como un ecosistema, todas las cosas que ocurren ahí, han de estar en equilibrio y si algo se sale de control, el ecosistema sufre y puede perecer. No todo entonces ha de ser puro amor, ni tampoco pura disciplina y castigo. Dependerá de cada momento y situación que se presente en el día a día. En el hogar todos somos capaces de aportar, pero si no cumplimos con nuestra parte como es debido (los hijos de obedecer y los padres de ser autoridad) vamos a crear un desequilibrio en nuestra vida familiar y caos será la consecuencia.

viernes, 1 de marzo de 2013

Disciplina Positiva y sus Consecuencias Negativas

Todos queremos acabar con la delincuencia y el crimen, y todos estamos de acuerdo en que ésto comienza en casa. La contrariedad es que se diga que la disciplina firme con consecuencias hiere al niño y le enseña a herir a otros al enseñar al niño el mal ejemplo del castigo o la reprensión, y asegurando que la violencia acabaría si todos fuéramos seres pacíficos que enseñáramos a nuestros hijos esa pasividad.  La realidad es que muchos niños nos van a tomar el pelo en el camino y nosotros pecaremos de ingenuos si  creemos que les estamos enseñando a ser pacifistas al dejándolos sin reprensión. Se alega que el trato de igual a igual es lo que nuestro hijo merece, pero sin querer reconocer que el respeto puede que lo viva el padre hacia el hijo, pero no por eso lo obtiene de regreso y por supuesto tampoco es capaz de exigirlo.

Que curioso es que la gente del siglo XXI se siga creyendo el cuento de que el niño es un ser sin malicia, y que toda la maldad es unicamente aprendida y no innata.
Soy testigo del cuidado y el amor que como padres damos a nuestros hijos y no por eso obtenemos respeto a cambio. Soy consciente de lo mucho que nos esmeramos en enseñar lo bueno y dedicar tiempo y atención a quienes mas amamos, y sin embargo, veo que nuestros hijos, como cualquier otro ser humano, son seres egoístas por naturaleza, quienes muy difícilmente aprenden a comportarse con el ejemplo y muy fácilmente comienzan a hacer lo malo con agrado y sin necesidad de influencias negativas.

Si esto no fuera cierto, busquemos un ser humano que jamás haya hecho nada malo y que jamás haya mostrado gusto en ello. ¡No existe!. Si fuera cierta la teoría de que si todos educáramos solamente con disciplina positiva (amor, paciencia, no violencia, comprensión , buen ejemplo) lograríamos erradicar la violencia o al menos gran parte de ella, fuera de esperarse que los hijos de tales personas ya tuvieran miles de santas criaturas poblando el planeta. 
Preguntemos a sus padres, quienes no han hecho otra cosa que dar amor, cuidado, comprensión y buen ejemplo a sus hijos desde el primer día de nacidos, y veamos si éstos niños han crecido sin tanta tendencia a la violencia como se alega o si al menos se portan mejor. Investiguemos si verdaderamente esas premisas les han hecho mejores seres humanos. Creo que todos ya sabemos la respuesta.

Y no es que los padres estén fallando en demostrar amor, respeto, cariño y comprensión, es que se han olvidado de que su hijo necesita más que todo eso. Es que se han creído que si yo le pongo el mejor ejemplo el niño aprenderá a comportarse y a respetar y a amar. Pero la triste realidad es otra. Padres que dedicaron su vida a sus hijos, quienes desde el momento del embarazo no hicieron mas que preocuparse por su bebé, y le dieron lo mejor, su tiempo, su amor, sus cariños,  su ejemplo, su comprensión, etc. para después vivir la penosa realidad de que su hijo ha crecido y es un malagradecido, no respeta y ha aprendido (quien sabe de dónde ) a comportarse de forma vergonzosa.

La maldad y la violencia, no son siempre aprendidas, son adquiridas de generación en generación.
Estoy a favor de todas estas cosas (el respeto, el amor, el buen ejemplo, la comprensión) pero debemos darnos cuenta de que aunque todo esto es maravilloso desgraciadamente NO ES SUFICIENTE.

Pero ¿qué es la disciplina positiva? Se trata de respetar al niño y dar buen ejemplo, esperando que el niño aprenda del padre a comportarse como es debido. Se supone que no son permisivos, pero cuando el niño hace berrinche, el padre debe ser comprensivo y pensar (o posiblemente buscar un pretexto) la razón por la cuál el niño está actuando así. Después de la forma más respetuosa posible, hay que "pedirle al niño que no haga lo que esta haciendo o que deje ese comportamiento". ¡Ya está! El padre se limita a ser super respetuoso, a sugerir de forma amable las cosas y se dedica a esperar que el niño "agarre la onda" y haga lo que debe hacer. Para mí esto es no estar a la altura de la situación y es incoherente comportarme así con mi hijo cuando él sabe perfectamente que sus actos no corresponden a ser tratado de esa forma. ¿Acaso no es una incoherencia muy grande que cada vez que mi hijo se ponga de berrinche yo "sugiero" firme pero amablemente que deje de comportarse así y nada más y luego esperar que el niño obedezca?, Si es así, algo anda mal. El niño lo sabe. El niño necesita una verdadera disciplina (por que la positiva no es en realidad una disciplina) que corresponda a sus actos. 

Volviendo al hecho de que nuestros hijos poseen una naturaleza innata inclinada hacia el mal comportamiento, debemos entonces reconocer que predicar solo con el ejemplo pero sin aplicar verdadera disciplina, no solo es incoherente, sino que no funciona. La realidad es que no existe un método, ni una fórmula mágica para que nuestros hijos dejen de hacer lo malo. Es algo que siempre estará en ellos. Pero lo que sí se puede demandar obediencia y respeto, no solo sugerirlo o platicarlo, sino exigirlo y hacer que se cumpla con las consecuencias que ello amerite. Eso es estar a la altura de la situación. 

Muy mal se habla de los "padres helicóptero" (el tipo de padre que siempre esta al pendiente de todo lo que hace su hijo, monitoreandolo y metiéndose en su vida) hoy en día, y mucho se les critica, pero de nuevo las investigaciones están a favor, ya que se han estudiado a los hijos de estos padres "controladores" (por así decirlo) y se han encontrado que sus hijos son quienes mejores se han desempeñado en la vida, tanto académicamente, como laboral y familiarmente.

¿Qué aprendemos de ésto? que una vez mas somos los padres los quienes debemos marcar la pauta para nuestros hijos. Los niños NECESITAN que nosotros no solo les digamos cómo comportarse, sino que los hagamos cumplir de esa forma. Los niños son seres que piden a gritos estructura y coherencia. Y son capaces de demostrarnos a gritos y patadas que "quieren ser controlados". Cuando surgen esos momentos,  los niños desean que sus padres no solo se pongan a la altura de la situación sino que la superen y sean capaces de someterlos. En otras palabras el niño pide a gritos que el papá le gane y lo haga vez tras vez. Si ésto no se logra y se trata al niño como "pobre, está cansado" ..o "sí, yo sé que sientes mucha frustración y por eso gritas..".. el niño pierde respeto hacia su padre quien no es capaz de estar a la altura de el berrinche y lo minimiza.. Tal vez la próxima vez lo haga más intenso para ver si "ese hombre reacciona y lo controla"

Un muy sabio Dr., de quien he tomado excelentes enseñanzas dijo algo que jamás olvidaré:  
"el misterio mas grande de la infancia es que el niño desea ser controlado pero insiste en que sus padres se ganen el derecho de hacerlo".
Si no nos hemos ganado el derecho, es por que no hemos estado a la altura de la situación. El niño sabe que él manda. y que tienen una enorme fuerza de voluntad cuando algo se les mete en la cabeza, pero nos toca a nosotros el involucrarnos con nuestros hijos, enseñarles, y demandar de ellos lo que es bueno y no solamente esperar que ellos hagan lo mas sensato un buen día.

Lo ultimo que quiero decir es que yo afirmo estar en contra de la disciplina positiva y a favor de las viejas costumbres (siempre y cuando exista amor en todo lo que se haga) y no lo hago de balde, ya que he visto los ejemplos mas que claros de lo que la disciplina positiva ha generado en nuestro planeta. La generación de la segunda guerra mundial  fueron padres agobiados por la violencia, quienes decidieron criar a sus hijos con disciplina positiva y permisividad (las diferencias entre ambas son pocas y los resultados los mismos). El resultado fue un deterioro de la autoridad paternal desde los 50's hasta los 60's. Los 70's dejaron muy en claro las consecuencias: anarquía, muchas drogas, supuesto "amor" y sí, mucha, muchísima rebeldía que hasta hoy se sigue cosechando.

Me pregunto si los portadores de la disciplina positiva se han dado cuenta de lo que le están haciendo a las nuevas generaciones.Y para aquellos que son nuevos en la tendencia y ya están usando sus aplicaciones, les aconsejo que se preparen para la sorpresa que les espera.

Se que ha sido un artículo fuerte, que parece "atacar" a quienes creen en dichas premisas, pero me niego a que como padres seamos capaces de cerrar nuestros ojos y fingir que no pasa nada. "Que a los niños hay que dejarlos ser niños y ya".  Nuestros niños crecen de forma exagerada y su infancia se nos va día tras día. Lo que establezcamos en ellos ahora, lo que formemos en ellos quedará de por vida. No se trata de que el niño sea feliz todo el tiempo, se trata de enseñarles a negarse a sí mismos cuando sea necesario. Si no logramos eso como padres, entonces creo que habremos fracasado.